CIUDAD DE MÉXICO, México, mayo 29, 2006.- Majestuoso y colosal, de imponente presencia y constante ebullición, el Estadio Azteca celebra su 40 aniversario, cuatro décadas de inagotables sucesos que han desbordado adrenalina por cada uno de sus pasillos, testigo de innumerables acontecimientos e icono de la máxima pasión de México, el futbol. Esta obra nació del ingenio del arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien convirtió este inmueble en uno de los más funcionales y espectaculares del país, no sólo ha albergado encuentros de futbol, también ha sido parte de enfrentamientos históricos en otras disciplinas deportivas, de celebraciones populares, de espectáculos y acontecimientos religiosos.
Emilio Azcárraga Milmo y Guillermo J. Cañedo de la Bárcena, fueron un par de emprendedores que luego de haber observado el gran movimiento social que generaba el futbol se atrevieron a llevarlo a la televisión y no encontraron obstáculos para la creación de un ‘templo’ que diera lugar a tan apreciado ‘rito’ deportivo, apoyado incluso por el entonces presidente de la República Mexicana, Adolfo López Mateos.
Con ello, buscaron la sede una Copa del Mundo, objetivo cumplido el 8 de octubre de 1964, cuando se anunció que México sería sede de la justa mundialista. Para agosto de 1962 se colocó la primera piedra en la zona de Santa Úrsula, al sur del Distrito Federal, y con un plazo estimado de cuatro años para culminar la obra.
Así, el hoy conocido como ‘Coloso de Santa Úrsula’ se inauguró el 29 de mayo de 1966, en aquél entonces Gustavo Díaz Ordaz fungía como mandatario de la República. La celebración del histórico evento se llevó a cabo con el encuentro entre el América y Torino, de Italia; con Fernando Buergo como árbitro.
De esta forma, más de cien mil gargantas se dieron cita, antes debieron recorrer rampas y túneles que parecían transportar la mente a un lugar mágico, a un escenario en el que obligaba a la mente a dejar todo detrás de los torniquetes y centrarse en la majestuosidad del lugar y el andar estético de las siluetas que recorrían a lo largo de una de las gramas que con el andar de los años se convirtió en el sueño de millones,
Entre voces coreadas con el “¡ole!” alrededor del estadio, el brasileño Arlindo dos Santos, del América, anotó el primer gol, luego de haber vencido al guardameta Vieri, con lo que provocó una grito ensordecedor que nació en las gradas y vibró el césped, el grito de “¡gol!”.
Sin embargo, tras inaugurarse el ‘templo del futbol en México’, aún se esperaba el primer gol de un mexicano, el cual llegó de los pies de Roberto ‘Caña Brava’ Martínez, del Necaxa, en un partido frente al Valencia, el cual el ‘once’ mexicano perdió 1-3 el 2 de junio de1966.
Asimismo, el debut de la Selección Mexicana de Futbol se llevó a cabo 10 días después, en un encuentro que perdieron 0-1 frente al conjunto inglés Tottenham Hotspur, en ese entonces Ignacio Trelles era el técnico del representativo nacional, que con las piernas fatigadas no lograron evitar la caída tras una gira por Europa.
A partir de ahí, el Estadio Azteca negó de orgullo y soberbia, y no sólo abrió sus puertas al balompié, también lo hizo a otras disciplinas, como el boxeo en octubre de 1967; además, un año después albergó los duelos futbolísticos de los Juegos Olímpicos de 1968, sede de la final entre búlgaros y húngaros, siendo éstos los que se alzaron con la medalla de Oro.
La justa olímpica daba aires de grandeza a este escenario, pero el Mundial de 1970 fue el evento que lo inmortalizó. En ese entonces Edson Arantes do Nascimiento ‘Pelé’ se consagró sobre la grama del Azteca, tras haber conseguido la Copa del Mundo frente a Italia.
Un año después formaría parte del histórico subcampeonato de la Selección Mexicana Femenil en el Segundo Campeonato del Mundo de la categoría. La final la disputó frente a Dinamarca, que se impuso 3-0. En esa ocasión, las féminas dieron una actuación ejemplar, además de haber dejado en claro que el Azteca no sólo estaba construido para la creatividad y rudeza masculina, sino también para la genialidad y orgullo del deporte de las damas.
Otros de los acontecimientos deportivos que se realizaron fueron los Panamericanos en 1975, la Copa Interamericana en 1978, el Mundial Juvenil de 1983, un sin fin de partidos internacionales y sin duda alguna, su funcionalidad y su imponente figura le harían acreedor de albergar por segunda ocasión una justa mundialista, ésta en 1986.
En ese año, el Azteca y la afición mexicana se maravilló con el excelso gol de Manuel Negrete contra Bulgaria; la polémica mano de Dios del astro argentino Diego Armando Maradona, y la consagración de éste tras ganar la Copa del Mundo ante Alemania.
Otras de las pasiones de los mexicanos que logró arropar fue un partido de futbol americano entre dos de las instituciones educativas de mayo prestigió en el país, los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y los Burros Blancos del Instituto Politécnico Nacional (IPN).
El encuentro se dio el 12 de diciembre de 1970 frente a más de 95 mil espectadores, que demostraron que en México se vive con efervescencia la pasión por el deporte de las tacleadas. Más tarde se llevó a cabo el Tazón Azteca entre la Selección Mexicana de Futbol Americano y el Mesabi Jr. College, duelo ganado por el cuadro local.
Toda vez demostrado que el futbol americano generó una gran convocatoria de aficionados a este deporte, el 2 de diciembre de 1972 volvió a celebrarse el clásico nacional entre la UNAM y el IPN, con un aforo de 125 mil, cuando la capacidad era de 110 mil. Esa fue la última ocasión que los “¡Goyas!” y los “¡Güelum!” estremecieron el concreto del Azteca.
Si bien no volvió a celebrarse otro cotejo entre equipos nacionales de futbol americano, sí volvió a abrir sus puertas a este deporte, esta vez con equipos profesionales de la NFL de los Estados Unidos sobre el césped. Primero fueron los Vaqueros de Dallas y los hoy extintos Petroleros de Houston, en 1994; más tarde, Broncos, Delfines, Patriotas, Raiders, Potros y Acereros se sumarían a los equipos que visitaron el Coloso en duelos de pretemporada; pero no fue sino hasta 2005 que la liga profesional de futbol americano del vecino país del norte permitió que se realizara el primer partido de temporada regular en el Azteca, entre Cardenales de Arizona y 49ers. de San Francisco.
Así, además de la Copa de Oro de 1993 y 2003, de la Copa Confederaciones de 1999, de la final de ‘ida’ de la Copa Libertadores de 2001 y los 88 partidos de final de la liga mexicana de futbol; el Estadio Azteca ha sido sede de magnos conciertos y de celebraciones espirituales, así como la ferviente visita de su Santidad Juan Pablo II, por lo que será difícil que esta construcción algún día guarde silencio, pues en ella se han tatuado millones de voces, celebraciones y sentimientos que año con año obligan a rendirle un homenaje a este ‘Coloso’.