CIUDAD DE MÉXICO, México, abril, 2007.- La lucha por el no descenso en el torneo mexicano de la Primera División se ha tornado dramática, pues solo quedan dos equipos involucrados y a leguas se nota que venderán muy caro, el lugar privilegiado que significa estar en el máximo circuito del balompié nacional. Santos y Querétaro llevan rato en una carrera parejera de esas que se ven en las películas, donde dos hermosos corceles montados a pelo por expertos jinetes, se juegan prestigio y dinero en una recta de locura hasta alcanzar la meta ante el delirio de los espectadores.
La realidad de los competidores es, hablando de futbol, diametralmente opuesta, pues mientras Santos fue reforzado con idea, mucho dinero y una planeación que al principio del torneo incluso lo hacía aparecer como un protagonista, Querétaro ha sido víctima de un esquema que privilegia los intereses económicos por encima de los deportivos y ha tenido que remar contra la corriente por ser un equipo recién ascendido, con poco tiempo para planear y reforzarse, broncas económicas, la situación de no poder alinear a los menores por lo que perdió tres puntos que por cierto, en situación idéntica le fueron perdonados a Jaguares y errores arbitrales que evidentemente han perjudicado al inquilino del estadio “Corregidora”.
Santos, de la mano de Daniel Guzmán, se metió en esta diabólica carrera por sus propios errores; vaya inicio de torneo que tuvo sin conseguir puntos y tardarse casi ¡nueve meses en ganar como local!
Cuando esa cancha era respetada y hasta temida por los rivales y sacar el empate era una lotería. Pues bien, ahora tiene la ventaja en el calendario de tener dos partidos en casa y buscar con ello los puntos necesarios para lograr la ansiada salvación.
Querétaro por el contrario, ha hecho mucho más de lo que el plantel sugería desde un principio y la novatez de su técnico, Salvador Reyes quién ha integrado un grupo de guerreros dispuestos a vender cara la zalea y pelear hasta el último instante por la permanencia en el circuito de honor.
Quizá lo que ha deslucido esta hermosa carrera parejera sea el arbitraje y no solo hablo de errores en la cancha, que han pesado más en contra de la causa queretana, sino de las designaciones absurdas que desequilibran la balanza y hacen que malpensados y maledicentes.