CANCÚN, México, dic. 9, 2007.- Catorce años tuvieron que pasar para que el trofeo de campeón del futbol mexicano fuera recibido nuevamente por un jugador del Atlante, y este honor le correspondió al argentino Federico Vilar como capitán del conjunto azulgrana. En lo que es sin duda es el momento más sublime de toda su carrera, Vilar encabezó la marcha de sus compañeros que como "corceles pura sangre" caminaron erguidos, llenos de alegría a recibir primero sus medallas y posteriormente la copa.
Decio de María, secretario general de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), fue el encargado de entregar este laurel, que tardó más de una década en regresar a las vitrinas azulgranas.
Como su líder y sin duda hombre determinante en la obtención de este título, Vilar se acercó, ansioso con los ojos se "comía" el trofeo que finalmente recibió para alzarlo ante la euforia de miles y miles de seguidores de Potros de Hierro.
Esto selló el final de una temporada de ensueño, pero el inicio de una historia que será recordada por los más fieles fanáticos atlantistas que con el cambio de sede a la ciudad de Cancún, encontraron ese "calor de hogar" que hace mucho tiempo habían perdido.