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CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 21, 2004.- Aquel Súper Domingo, del cual ya transcurrió un cuarto de siglo, dejó huella como pocos. Fue la gran confrontación entre las máximas potencias de aquella época y, sin lugar a dudas, dos de los mejores equipos que hayan saltado a un emparrillado en la NFL. Ese 21 de enero de 1979, quedó como un día que marcó a toda una generación, como un capítulo histórico que merece una amplia introducción. La creciente pasión y embeleso de la dinastía de la ‘Cortina de Acero’ se imponía definitivamente en el terreno deportivo al conjunto más popular, a la organización modelo, a la franquicia que dio modernidad al mundo de las tackleadas y que hizo de la mercadotecnia el brazo derecho de la actividad deportiva.
El juego de campeonato de la NFL ya estaba consolidado como uno de los máximos eventos deportivos y televisivos en los Estados Unidos y ya había trascendido sus fronteras. La cadena de televisión NBC tenía garantizada una audiencia superior a los 102 millones de personas en la unión americana, que era el récord establecido por CBS el año anterior en la duodécima edición. Por si fuera poco, más de 50 países en todo el mundo seguiría la transmisión en vivo o diferida. En México, ya era una tradición ver los Súper Tazones en vivo y en directo. En este caso, los comentaristas de Televisa, Fernando Von Rossum, Víctor Serrato y Jorge Berry harían la crónica desde el Estadio Tazón de la Naranja de Miami, Florida. Además, los mexicanos contábamos con la presencia de un compatriota en la gran batalla, Rafael Septien, pateador de goles de campo y puntos extra de Dallas.
La mesa estaba puesta y el éxito comercial asegurado porque se enfrentarían los Vaqueros, monarcas de la Conferencia Nacional y defensores del Trofeo Lombardi, contra los Acereros de Pittsburgh, la potencia de la Americana y que regresaba al ‘juego grande’ tras su coronación como bicampeones dos años atrás.
El Súper Tazón XIII sería el primero ‘de revancha’ en la historia. Desde la instauración de esta clase de cotejo definitivo, en 1967, ningún duelo se había repetido y era la oportunidad para el conjunto de la estrella solitaria de vengarse de la derrota sufrida, tres años antes, en la décima edición, cuando un disputado 21-17 fue para Pittsburgh.
Como pocas veces en la Liga Nacional de Futbol Americano, un partido tenía tanto sabor a venganza y más porque los actores principales estaban todos prácticamente presentes. Incluso el escenario, el Orange Bowl, era el mismo con la diferencia que, en 1976, la superficie era artificial. Con el césped natural de regreso en Miami, se tenía todo para que volvieran a despedazarse los modernos gladiadores y los que ganaran serían el primer equipo con tres títulos del Super Bowl en sus vitrinas.
La partida de estrategas también estaba garantizada con el enérgico Tom Landry y su complejo sistema ofensivo contra el disciplinado y motivador Chuck Noll, el creador de la ‘Cortina de Acero’. Los ataques tenían estrellas por todos lados con dos leyendas en los comandos: Terry Bradshaw, el ‘Divino Calvo’, el hombre del poderoso y preciso brazo que sacó a la franquicia acerera de la oscuridad, contra Roger Staubach, el chico bueno, el ‘Capitán América’ –sobrenombre que le irritaba-, el mariscal de campo elusivo y que siempre se negaba a perder.
Repasar las alineaciones de ambos equipos es pasársela haciendo reverencias. Los cuatro arriba mencionados son todos miembros del Salón de la Fama como lo son, por parte de Pittsburgh, el corredor Franco Harris, los receptores Lynn Swann y John Stallworth, el centro Mike Webster, el tackle defensivo Joe Greene, los apoyadores Jack Ham y Jack Lambert y el esquinero Mel Blount. Por parte de Dallas, brillaban los ahora inmortales Tony Dorsett, corredor novato, y el tackle defensivo Randy White. Las directivas también tenían destacados miembros que ya están en el recinto de Canton: Art Rooney y su hijo Dan, como dueños de los Acereros, y Tex Schramm, como presidente y gerente general de los Vaqueros.
No se puede dejar de lado a otro elemento que llegó al Salón de la Fama, el ala cerrada de Dallas, Jackie Smith, quien pese a los grandes méritos en su larga carrera en la NFL con San Luis, jugaría un papel ingrato en el Super Tazón XIII.
Había, sin embargo, otros jugadores notables. Los texanos contaban con excelentes receptores como Tony Hill, Butch Johnson, Preston Pearson y el ala cerrada Billy Joe DuPree; una defensiva férrea conocida como ‘La del Día del Juicio Final’, en la que se destacaban el ya mencionado más los linieros Randy White, Harvey Martin, Ed ‘Too Tall’, Larry Cole, los apoyadores Bob Breuning y D.D.Lewis, y los profundos Cliff Harris y Charlie Waters, pero el que se destacaría más fuera del terreno de juego sería el extrovertido y polémico apoyador Thomas Henderson.
No se puede olvidar por el lado de los de negro y oro a los linieros defensivos L.C. Greenwood y Dwight White, los defensivos secundarios Donnie Shell y Mike Wagner y al corredor de emotiva historia Rocky Bleier, entre otros.
Y para no dejar de lado la polémica, el tremendo ‘Hollywood’ Henderson hizo las delicias de los reporteros y todos los medios de comunicación nacionales e internacionales cuando declaró que los Vaqueros ganarían fácilmente porque Bradshaw era un tonto “que no deletrearía ni la palabra cat (gato, en inglés) ni aunque le ayudáramos con la ‘c’ y la ‘a’”.
Al parecer, eso sólo enfurecería a los Acereros, restaría algo de concentración a varios de sus compañeros y enfurecería al entrenador Landry. Al final, el resultado de 35-31 daría la razón a Bradshaw y compañía.
La sola mención de los antecedentes deja menos espacio para lo sucedido en el emparrillado.
El partido arrojó gran cantidad de records (algunos posteriormente superados) como los cuatro pases de anotación y las 318 yardas de Bradshaw, los 66 puntos entre ambos equipos, los 31 puntos marcados por el equipo perdedor y una teleaudiencia que alcanzó los 35 millones de hogares.
Mientras la ofensiva que más puntos anotó en el año se las veía muy duras ante la ‘Cortina de Acero’, Bradshaw se combinaba con Swann, Stallworth y Bleier y las escapadas de Harris abrían ventajas que Staubach se empeñaba en desaparecer.
Al final, una jugada que cambiaría el rumbo del partido y que se quedaría quizás como la más memorable de la jornada fue aquel pase que increíblemente Jackie Smith soltaría cuando estaba totalmente desmarcado en la zona de anotación en tercera oportunidad y gol para Dallas. Eso orilló a los Cowboys a conformarse con un gol de campo y en lugar del touchdown que hubiera empatado el partido 21-21, la pizarra se quedó a favor de Pittsburgh 21-17. Esa diferencia de cuatro puntos se vería irremediablemente reflejada en el marcador final.
Prevalecieron los Acereros, fueron los primeros en ganar tres Súper Tazones, fueron el equipo de la década de los 70, sucesores de la dinastía de los Empacadores de Greeen Bay de Vince Lombardi. Terminaría Pittsburgh de encumbrarse al año siguiente con su cuarto campeonato en seis años, pero, sobre todo, quedaría establecida la más grande rivalidad de nuestros tiempos entre equipos de diferentes conferencias, que tendría finalmente un capítulo de revancha para los Vaqueros, en el Super Bowl XXX, pero nadie podrá negar que aquel ST XIII contribuyó como pocos al engrandecimiento del evento deportivo celebrado en un solo día con más audiencia en el mundo.
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