CIUDAD DE MÉXICO, México, feb. 7, 2006.- Ni el intenso frío evitó que los aficionados le dieran una gran bienvenida a los nuevos campeones de la NFL. Este martes, los Acereros de Pittsburgh celebraron con sus fanáticos con un desfile por la 'ciudad del acero'. Los festejos iniciaron desde las 11 de la mañana en el Mellon Arena y de ahí fueron avanzando hacia el centro de la ciudad.
Los jugadores y entrenadores, que traían puestas su sudaderas grises de campeones, viajaron en diferentes vehículos y fueron acompañados durante el recorrido por sus familias. Algunos aprovecharon para utilizar sus cámaras de video y grabar la gran recepción.
Durante la celebración estuvieron presentes el alcalde Bob O´Connor, quien traía un jersey con el número 36 de Jerome Bettis, y el gobernador del estado, Ed Rendell, quien es conocido por ser un gran aficionado de las Águilas de Filadelfia.
Como se esperaba, la mayoría de la gente durante el recorrido usaba jerseys de Ben Roethlisberger, Hines Ward, Joey Porter y Jerome Bettis entre otros. También se encontraba en el festejo gente de traje, pero siempre con un accesorio de los Acereros, como un gorro, una bufanda o guantes.
La gente en los edificios abarrotó los balcones y las ventanas de las oficinas para no perderse el desfile. Gran parte de los seguidores llevaban pancartas que sólo decían ‘Gracias', mientras que otros llevaban la foto de Art Rooney, fundador de los Acereros.
Las famosas Toallas Terribles no dejaban de ondear en las calles de Pittsburgh y una enorme ovación se dejó escuchar en la plaza cerca de Point State Park cuando en las bocinas se escuchó la canción de los Acereros.
Muchos aficionados aprovecharon para comprar sus nuevos accesorios con la leyenda de ‘Campeones’. La gorra oficial de los Acereros tiene un valor de 35 dólares, mientras que una playera supera los 50 dólares. El artículo que más se llevaban eran las ‘Toallas Terribles’ que sólo costaban 10 dólares.
El legendario receptor Lynn Swann, quien se ha postulado para ser gobernador del estado, estuvo en la fiesta y dijo que espera que esta victoria sea el inicio de una nueva dinastía de los Acereros.
Las calles se pintaron de negro y oro para recibir a sus héroes, que después de 26 años llevaron de vuelta el trofeo Lombardi, algo que ya extrañaba la gente de Pittsburgh.