CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 2006.- En Alemania un adulto tiene por término medio casi 2.500 horas de ocio al año. Por término medio cada adulto trabaja 36,7 horas a la semana y dispone de entre tres y cuatro horas de tiempo libre al día y de diez horas libres los fines de semana y los días de fiesta. Las vacaciones anuales tienen una duración de hasta seis semanas. Las diferencias entre el Este y el Oeste del país se van nivelando paulatinamente. Desde hace tiempo los hogares alemanes destinan entre el diez y el quince por ciento de su renta disponible a actividades de ocio. En total, la facturación del sector del ocio se eleva a unos 225 billones de euros al año.
Mucha gente pasa la mayor parte de su tiempo libre en su entorno privado, dentro de la propia vivienda: una de las principales actividades de ocio es precisamente ver la televisión. Muchas personas se dedican al coleccionismo, las manualidades y aficiones artísticas, la lectura, la música y la jardinería. Aunque el centro del ocio siga siendo el propio hogar, a los alemanes también les gusta salir de casa, sobre todo para ir al cine o darse una vuelta en automóvil, moto o bicicleta.
Para configurar su tiempo libre los ciudadanos disponen de una gran variedad de posibilidades, desde viajes y excursiones hasta eventos culturales y deportivos, espectáculos y actividades de esparcimiento: piscinas, instalaciones deportivas para todas las disciplinas, teatros, auditorios, cines, bibliotecas y museos, restaurantes y campings, etc. Más de cinco millones de personas viven, al menos en parte, del sector del ocio. La infraestructura del ocio abarca además diversas asociaciones, empresas de utilidad pública y servicios de la administración pública.
Por término medio cada ciudadano va dos veces al año al cine. Los 4.570 museos existentes en el país atraen anualmente a cerca de 96 millones de personas. Cada vez tienen más éxito los días sin tráfico, en los que grandes tramos de carretera se cierran a la circulación de vehículos de motor para que los puedan disfrutar a sus anchas los ciclistas, por ejemplo entre Bingen y Coblenza (valle del Rin) o en la “Ruta del Vino sin Coches”, en el Palatinado. Al menos doce millones de alemanes dedican su tiempo libre a actividades de voluntariado en asociaciones y organizaciones.
Gran importancia para el tiempo libre revisten las cerca de 345.000 asociaciones existentes, con un total de 70 millones de socios. El asociacionismo alemán es extraordinariamente polifacético. Casi uno de cada cuatro alemanes es miembro de un club deportivo, las corales alemanas tienen más de dos millones de miembros. Hay asociaciones filatélicas, cinegéticas, folklóricas, caninas, comparsas de carnaval, clubes de radioaficionados y amigos de la horticultura y un largo etcétera de organizaciones de todo tipo. Muchas propuestas se dirigen específicamente a las mujeres y los jóvenes.
En Alemania hay cerca de 6.000 museos, incluidos los regionales, municipales, de asociaciones, de tradiciones populares, privados, tesoros eclesiásticos, museos diocesanos y catedralicios, residencias, castillos, palacios y museos al aire libre. Los museos nacen con el paso de los siglos de las colecciones principescas, eclesiásticas y, posteriormente, burguesas.
Las colecciones de los príncipes no estaban pensadas para edificar y contentar al común de los mortales. La intención de los gobernantes era exhibir ante sus perplejos coetáneos la inaudita riqueza de sus tesoros artísticos. Por ejemplo en Munich, que ya en el siglo XVI era un centro artístico de rango internacional, los duques bávaros no sólo coleccionaban obras de arte, sino también autómatas, aparatos y herramientas, instrumentos de música, minerales y objetos exóticos.
La diversidad de los objetos expuestos parece ilimitada: desde Rembrandt y Picasso hasta tapices (Kassel), utilería vitivinícola (Coblenza), meteoritos (Marburgo) o momias encontradas en turberas (Schleswig), pasando por aparatos de óptica (Oberkochen) o el vehículo anfibio más antiguo del mundo, reconstruido con piezas originales (Bremerhaven).
Hoy en día los museos alemanes, lo mismo los tradicionales que los modernos, procuran conectar con el público de todos los niveles culturales. Actualmente los alemanes van al museo con la misma naturalidad con que antes iban al cine; para visitar las grandes exposiciones monográficas de los clásicos del arte moderno se forman largas colas en las taquillas.
Cada año millones de personas visitan los museos alemanes, que en algunas grandes ciudades constituyen auténticos conglomerados museísticos, por ejemplo en la ribera del Meno a su paso por Francfort, en la Milla de los Museos de Bonn o en Berlín, donde la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, creada en 1951, tiene las colecciones de la vieja Prusia repartidas en varios museos monográficos.