BERLÍN, Alemania, jun. 27, 2006.- A Juergen Klinsmann nunca le faltó confianza cuando era un letal delantero con la selección alemana. Esa actitud sigue presente en su faceta como técnico, y es contagiosa para sus jugadores. Cuando se convirtió en entrenador del plantel hace dos años, Klinsmann prometió que le daría al país su cuarto título mundial.
Fue una declaración atrevida para una persona que se adentraba en su primer trabajo como técnico en uno de los lugares más difíciles, en un momento en el que la imagen del fútbol alemán andaba de capa caída.
Los alemanes fueron finalistas del mundial del 2002 pero fueron eliminados de la Eurocopa 2004 sin ganar un solo partido. Su estilo era aburrido y sin ideas, por lo que la promesa de Klinsmann parecía totalmente fuera de lugar.
Pero la persona que le dio el cargo jamás tuvo dudas.
"Conozco a Juergen desde hace muchos años, y conozco muy bien su determinación", dijo Gerhard Mayer-Vorfelder, copresidente de la federación alemana de futbol. "Siempre supe que podía hacerlo".
"Este equipo ha desarrollado una gran confianza, y eso viene de tener un entrenador con tanta energía positiva que está seguro de su misión", indicó Mayer-Vorfelder.
Esa confianza es cada día más evidente con miras al partido del viernes de cuartos de final contra Argentina , a pesar de que Alemania no vence a uno de los grandes del fútbol desde octubre del 2000.
Tan solo hay que escuchar a Torsten Frings , el mediocampista que seguramente tendrá que verse las caras con Juan Román Riquelme .
"No me importa lo que haya pasado en los seis últimos años. Ni un segundo he pensado que podemos perder. Estamos seguros de que vamos a ganar", dijo Frings este martes. "Somos más fuertes, estamos en perfecta condición. Podemos jugar 90 minutos, podemos jugar 120 minutos si es necesario, y no creo que a Argentina le agrade un equipo que lo ataca constantemente".
Klinsmann ha dicho que los cuartos de final no es la meta para sus jugadores.
"No vamos a detenernos. Queremos llegar hasta el final", indicó.