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PARIS, Francia, ago. 24, 2003.- A sus 20 años la sueca Carolina Kluft ha irrumpido con fuerza en los Mundiales de París, en los que, con un descaro impropio de su juventud se ha proclamado campeona del mundo de heptatlon, lo que le señala como la mujer más completa del atletismo universal. Carolina se ha impuesto a lo campeón, demostrando una gran personalidad y un carisma que le augura años de gloria en el futuro. Ha ganado en un estadio plagado de voces dispuestas a animar a la local Eunice Barber, su principal rival, campeona del mundo en Edmonton.
La sueca obtuvo 7,001 puntos, la mejor marca del año, frente a los 6,755 de Barber, que hizo su mejor actuación personal.
La nórdica se convirtió en la tercera mujer en la historia que pasa de los siete mil puntos en la historia de este deporte, tras la rusa Jackie Joyner y la rusa Larisa Nikitina.
Kluft mejoró su mejor marca personal en cuatro de las seis pruebas del heptatlon y venció en dos de ellas.
Tras su victoria en los Campeonatos de Europa y en los Mundiales júnior de 2002, la nórdica ha escalado un nuevo peldaño, el último que le quedaba como mejor del mundo.
El duelo Kluft-Barber ha hecho las delicias de los amantes del atletismo y ha terminado por consagrar a una gran campeona.
Barber se impuso en la primera prueba, los 100 metros vallas, pero luego sucumbió al poderío de la sueca, que doblegó a la francesa a base de mejorar, prueba por prueba, sus registros personales.
Kluft ganó el heptatlon a lo campeón, mejorando sus marcas en todas las pruebas excepto en el salto de longitud en el que, sin embargo, también ganó a Barber.
La sueca de Vaxjo se ha consagrado en París, tanto por sus marcas, como por la fortaleza moral que ha demostrado, que ha terminado.
Serena y confiada, Kluft se impuso con solidez y terminó viendo como el público de París se rindió a su carisma. Siempre sonriente, la sueca no escatimó en saludos, no dejó de arengar al público, que acabó por pagar con aplausos su entrega.
A las buenas actuaciones de Barber, Kluft respondió con marcas extraordinarias. Si la francesa elevaba su nivel, la sueca respondía con una gran actuación, hasta que el Estadio de Francia comprendió quien era la mejor.
En el salto de altura demostró que a su gran calidad atlética suma su sangre fría. Tras dos nulos en los dos primeros intentos, la sueca superó la barrera y evitó sumar cero puntos en la prueba, lo que hubiera dado alas a Barber.
El broche final lo puso en la última prueba, los 800 metros, en los que la sueca adelantó a la francesa y certificó la victoria.
Con un abrazo entre las dos heptatletas, se escenificó el relevo generacional, que quedó enmarcado cuando todas ellas, agarradas de la mano, dieron la vuelta de honor.
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