Haz click aquí para conocer la convocatoria de la carrera de Televisa Deportes. AUGUSTA, Estados Unidos, abr. 12, 2004.- El estadounidense Phil Mickelson era el deseado por todos sus compatriotas para quedarse co el saco verde y el zurdo de San Diego, de 33 años, no les defraudó, ni en el propósito ni en la forma en que se produjo su primera victoria en un torneo de Grand Slam después de múltiples tentativas.
Mickelson, tercero en los últimos tres Masters, partía como líder para la última jornada por primera vez y en medio de un clamor popular que lo convirtieron en el eje sobre el que giraba todo el interés de un país en el Domingo de Resurrección.
Tiger Woods, en 2001 y 2002, y otro zurdo, el canadiense Mike Weir, le habían desplazado para convertirle en el eterno aspirante al lugar de honor.
Alejado Tiger, Mickelson no falló esta vez ante un nuevo rival al que tuvo que cazar en los últimos hoyos: el surafricano Ernie Els. El estadounidense no falló un putt para birdie en el último hoyo, desde 4 metros y en bajada, que le llevó a la gloria de los campeones en Augusta.
Els, que pensaba en un desempate, acabó segundo; el coreano KJ Choi fue tercero, a dos golpes, y el español Sergio García y el alemán Bernhard Langer empataron en la cuarta plaza, a seis impactos del nuevo campeón.
Mickelson hizo valer el trabajo técnico frente al psicológico en la ronda final. El moderno debate en el golf cayó del lado de la labor y refinamiento técnico, y no del aspecto puramente mental.
Ocurrió este debate en las horas previas al comienzo. Mickelson desplegó toda su batería en los entrenamiento con los hierros junto a su técnico, Rick Smith.
Sabía Mickelson, licenciado en psicología por la Universidad de Arizona, que en los momentos cruciales iba a necesitar precisión con los hierros cortos. Quizá por su licenciatura sabe bien de qué hablan los psicólogos deportivos en los momentos previos a la competición.
Y así ocurrió. El de San Diego, desde la calle del 18, agarró el pitchin wedge para dejarse un putt para birdie ganador.
Els, por su parte, no cejó en el empeño de practicar durante todo el Masters al lado de su psicólogo, el belga Jos Vanthispout.
El surafricano, con tres Majors en su palmarés (dos Abiertos de Estados Unidos y un Open Británico), jugó para ganar (69 tiros), pero le adelantó en la última recta el deseado Mickelson.
Mickelson, con 17 'top-ten' en torneos de Grand Slam y tres terceros puestos consecutivos en el Masters, tuvo su recompensa.
A pesar del emocionante final, la mediocridad se instaló en los primeros nueve hoyos. Sin embargo, después se desató un pulso feroz por el saco verde, digno del prestigio y la leyenda de este torneo.
Birdies y eagles sobrevolaban el campo sin detener sus alas. Els, Mickelson, Langer y Choi se disputaban en el tramo final la Chaqueta Verde más disputada de los últimos años.
La llegada al green del 18 fue vibrante. Mickelson necesitaba embocar un putt complicado y su delicado toque envió la bola al pequeño vacío del hoyo que lleva a la gloria.
El zurdo Mike Weir puso el saco verde de forma merecida a otro zurdo, Mickelson, quien se mostró complacido de que su abuelo, fallecido antes de la última Navidad con 92 años, tendrá por fin la bandera del Masters de golf.
El abuelo de Mickelson coleccionaba en una pared de su casa las banderas de cada torneo que ganaba su nieto. El jugador estadounidense, emocionado, declaró que "por fin" podrá colgar la de un torneo de Grand Slam.
"Ganar el Masters era para mí algo especial. Ahora sé que voy a formar parte de este gran evento para el resto de mi vida. Volveré aquí todos los primeros de abril y esperaré este torneo para el resto de mi vida", añadió.
"En los últimos diez años he acabado así muchas veces, y he perdido por un solo golpe. Como me esperaba, ha sido una jornada muy difícil para ganar mi primer 'major', pero hacerlo así, con ese 'putt' final lo ha hecho más especial, más dulce y me siento emocionado", dijo.
Sobre el desenlace, Mickelson comentó: "Me di cuenta de que Els había hecho eagle en el hoyo 13. Oí el rugido del público desde el 12. Supe, entonces, que tenía que ser más agresivo y atacar las banderas".
"Cuando llegué al 'green' del 18, había visto a otros jugadores hacer birdie en ese último hoyo. Me ayudó ver la línea de 'putt' de DiMarco. La toqué suave y entró. No puedo explicar con palabras lo que sentí entonces, y lo emocionado que me encuentro ahora", recalcó.
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