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por: Agencia
Fuente: EFE

María Sharapova, de 17 años, es la primera rusa en ganar el torneo de Wimbledon, mientras que Roger Federer logra el bicampeonato en el pasto sagrado

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LONDRES, Inglaterra, jul. 4, 2004.- Un soplo fresco ha recorrido Wimbledon con la victoria de Maria Sharapova, la primera rusa en ganar este Grand Slam, un triunfo que nunca mejor que ahora significa la recompensa tras un tremendo sacrificio.

Sharapova se había ganado el reconocimiento antes incluso de jugar la final contra Serena Williams. Antes de pisar la central para luchar por el título, ya había logrado hacerse un hueco en el corazón de los trece mil aficionados que llenaron el recinto, y que corearon su nombre sin cesar.

La atractiva rubia de 17 años entra en la historia de un deporte, que admite que no prestó atención nunca en televisión cuando era una niña. "No tuve ídolos y no vi nunca ningún partido de Martina Navratilova", ha señalado, "ni leo los periódicos".

Su historia de penurias, que ella odia repetir, quedó resumida en el emocionado abrazo en el palco de invitados cuando se fundió con su padre Yuri durante interminables minutos.

Con él llegó a Bradenton (Florida) cuando contaba seis años, tras emigrar de su Rusia natal, despidiéndose de las gélidas temperaturas de Nyagan (Siberia) para arribar a los cálidos días de Bradenton (Florida) para ser dirigida por Nick Bollettieri en sus comienzos.

Maria empuñó por primera vez una raqueta cuando el padre de Yevgueny Kafelnikov se la regaló siendo una niña, para que se iniciase en este deporte. Después su familia emigró de Sochi, en el Mar Negro, a Nyagan, en Siberia, para huir de los problemas de salud que generaba el desastre nuclear de Chernobyl.

Sharapova siempre recuerda que su encuentro con Navratilova cuando tenía seis años, fue definitivo. La ex checa la observó en Moscú durante una pequeña exhibición, y enseguida se dio cuenta de su talento. Rápidamente recomendó a la familia que se trasladasen como fuera a Bradenton al lugar donde Bollettieri presume de forjar nuevas figuras.

Su padre Yuri, al que ahora llaman Bill, tomó la decisión y con apenas mil dólares en el bolsillo, se fue con la pequeña María, que contaba siete años. Inmediatamente la firma IMG puso sus ojos en ella y le buscó un patrocinador para costear los 35 mil dólares anuales de la academia de Florida. Sabían lo que hacían.

Ahora su progenitor no se separa de ella, ni tampoco su entrenador Robert Lansdorp, que lo fue antes de Lindsay Davenport. Al grupo se ha unido recientemente el colombiano Mauricio Hadad. El holandés Eric van Harpen la tuvo en sus manos también, pero sólo durante dos torneos. María decidió que no era el indicado.

Lo que más le ha dolido a Sharapova es soportar la ausencia de su madre durante dos años, debido a problemas de visado. Pero con su fuerte mentalidad ha sabido superarlo, y además se ha mantenido ocupada mientras cursa estudios en la escuela nacional de Keystone, pero a distancia.

Su triunfo en Wimbledon, el cuarto de su carrera, y el segundo este año tras vencer hace tres semanas en Birmgingham, sobre hierba a la francesa Tatiana Golovin, la han aupado al estrellato que ya el pasado año se vislumbraba. "Ahora quiero ganar todos los Grand Slams", señaló tras obtener el primero. Su ambición y su edad, le auguran más éxitos.

Federer, sin duda es el número uno

El carismático John McEnroe dice que Roger Federer es el jugador "con más talento" que nunca antes ha visto, y que si alguien quiere aprender a jugar a este deporte solo tiene que observarle en acción, una opinión compartida y elogiada por muchos ex campeones que ven en el suizo una obra de arte sobre una pista.

"Si alguien quiere ser un tenista, que amolde su juego al de Federer y triunfará", ha añadido el neoyorquino, que no es el único en admirar el estilo y elegancia del genial tenista helvético.

Boris Becker es otro que cae rendido ante su juego. "Es un poeta en acción", dice, mientras que Tracy Austin añade: "Nunca he disfrutado mas viendo jugar al tenis que cuando miro a Federer. Pete Sampras fue maravilloso pero su juego se basaba mucho en el saque.

Federer lo tiene todo y además es elegante, virtuoso y fluido, una sinfonía de tenis en blanco. Roger puede realizar golpes que deberían ser declarados ilegales".

Su amigo y capitán de Copa Davis Marc Rosset, campeón olímpico en Barcelona'92, dijo de él que sería un digno sucesor suyo, y añadió: "sus golpes te dejan en ridículo".

Todos coinciden. Es el mejor, el de más clase. Es porcelana china vestida de blanco en una pista de tenis. El número uno del mundo con razón y con madurez suficiente para ampliar sus cotas aún más lejos.

Es de fácil lágrima, demostrada el año pasado cuando ganó su primer grande, aunque entonces tenía motivos suficientes, pues recordaba emocionado a su ex entrenador Peter Carter, fallecido en un accidente de automóvil el uno de agosto del 2002, y también hoy cuando doblegó a Andy Roddick.

En enero de este año, en la Rod Laver Arena, no hubo dedicatoria especial cuando se embolsó su segundo Slam. Saludó profesionalmente y cumplió el trámite como si ganar un grande fuera ya tarea sencilla para él.

Con Martina Hingis retirada, Federer es el orgullo de Suiza. No extraña pues que el año pasado recibiera los premios al "Mejor Deportista Suizo", y al "Suizo del Año", como tampoco que la Asociación Internacional de Escritores de Tenis le eligiera como "Jugador del Año".

Viaja solo y sin entrenador, tras romper con el sueco Peter Lundgren antes de partir de vacaciones al final de año pasado a Isla Mauricio. No le hace falta. Dice que recibe multitud de correos dándole consejos, pero a la vista está que no los necesita.

Además de su entrenador físico, el suizo Pierre Paganini, con quien trabaja en casa, utiliza al fisioterapeuta checo Pavel Kovak, y sigue manteniendo cerca a su novia, la ex tenista suiza de origen eslovaco Miroslava Vavrinec que se encarga de las relaciones con la prensa.

Último jugador capaz de ganar en Wimbledon y en Australia al año siguiente después de Pete Sampras en 1994, la sombra de "Pistol Pete" siempre le perseguirá, no solo por el enorme parecido en el juego entre ambos, alabado en extremo por John McEnroe, sino porque él mismo se empeña en acercarse al máximo a la frialdad que exhibía el californiano, a quien derrotó en la Central en los octavos de final, cortando su racha de 31 victorias allí.

El año pasado tomó una decisión importante, separarse de la poderosa organización IMG a la que dejó, evidentemente, sin una de las joyas más preciadas del circuito, para crear su propia compañía, formada íntegramente por sus familiares y entorno, para que todo quedase en casa.

Sus padres, Lynette (surafricana) y Robert, forman la parte directiva. Pierre Paganini, la técnica, y su novia supervisa en la en la oficina.

Como siempre, lleva colgado a su cuello un collar de madera, que compró durante unas vacaciones en Suráfrica para visitar el país de su madre, y que tiene un significado especial para él, pues asegura que le protege de los ataques de los tiburones.

Federer creció con la imagen de tres grandes campeones en el All England Tennis Club, Sampras, Boris Becker y Stefan Edberg, en su memoria. Tomó su primera raqueta a los tres años, pero el fútbol y el hockey hielo (fue un destacado jugador júnior en el equipo nacional) le mantuvieron indeciso hasta prácticamente los 14 cuando se decantó definitivamente por el tenis.

Sus primeros pasos los dio en la Federación de Tenis de Suiza, donde lo pasó realmente mal, pero inmediatamente comenzó a ganar torneos júnior, debido en parte a su gran potencia con el servicio y su habilidosa volea.

Federer cerró su carrera júnior al ganar la Orange Bowl al derrotar al argentino Guillermo Coria en la final y lógicamente fue el mejor júnior del mundo ese año.

Tras ganar el pasado año aquí por primera vez, le regalaron en el torneo de Gstaad, una vaca a la que llama Juliette (ahora con dos terneros), a pesar de que el público le sugirió entonces el nombre de Martina (por Hingis).

El ganadero, allí presente, definió mejor que nadie al único tenista suizo, en categoría masculina, capaz de ganar el Abierto de Australia: "La vaca pesa 800 kilos, pero no posee ni la mitad de potencia que el tenis de Federer".



Sharapova fue la gran sorpresa del torneo. Foto: AP

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