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CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 1, 2004.- Pasan los años y las hazañas del extinto Ricardo Rodríguez de la Vega, quien tuvo una vida efímera, veloz, como lo era él en la pista, continúan en la mente de los que tuvieron la oportunidad de verlo correr. Este 1 de noviembre se cumple un aniversario más de la muerte del legendario piloto. Ricardo Rodríguez es considerado como el mejor piloto mexicano de la historia. Sin embargo, inmediatamente viene a la mente las hazañas de su hermano Pedro, pero los números y las habilidades de Ricardo son superiores. Sólo la muerte le impidió colocar su fama aún más alto.
Nacido el 14 de febrero de 1942, su gusto por la velocidad comenzó a muy temprana edad. A los 14 años Ricardo fue campeón nacional de motociclismo. Todavía no cumplía los 16 años, cuando en 1958 incursionó, junto con su hermano Pedro, en las 24 Horas de LeMans en Francia.
Dos años después, sorprendió a propios y extraños al terminar en el segundo lugar de LeMans a bordo de un Ferrari, que piloteaba junto con el belga Andre Pilette. En ese mismo año (1960) fue tercero en las 12 horas de Sebring y segundo en los 1000 kilómetros de Nurburgring.
En 1961 se convirtió en piloto de la escudería más dominante en la actualidad (Ferrari) y participó en el Gran Premio de Italia de Fórmula Uno.
En su debut en la máxima categoría del automovilismo, Ricardo se coló en la primera línea de salida, sólo detrás de su coequipero, el alemán Wolfgang von Trips. Sin embargo en esa ocasión la suerte no estuvo de su lado al tener un problema con la bomba de gasolina y fue uno de los pilotos que abandonó la prueba.
En 1962 todavía con el equipo Ferrari y única escudería con la que tuvo oportunidad de correr, Ricardo tomó parte en cuatro Grandes Premios: Países Bajos, donde no concluyó por un contacto; Bélgica, finalizó en cuarto lugar detrás de Jim Clark, Graham Hill y Phil Hill. En Alemania fue sexto, y en Italia cruzó la meta en el décimo cuarto puesto.
El deceso de una leyenda
El sábado 1 de noviembre de 1962, en los últimos minutos de calificación del Gran Premio de México, (carrera no puntuable en el campeonato mundial) Ricardo subió a su Lotus-Climax con la clara idea de obtener la pole position.
"Voy por la pole”, fueron las últimas palabras de Ricardo antes impactarse en la curva peraltada del Autódromo de la Magdalena Mixhuca, donde el alma se separó del cuerpo, para que 42 años después sea recordado como el mejor piloto mexicano de todos los tiempos.
Así este lunes se cumplen ya 42 años de que México perdió a su mayor representante en el mundo automovilístico.