CIUDAD DE MÉXICO, México, dic. 29, 2004.- El estadounidense Lance Armstrong hizo realidad el 25 de julio de 2004 en París su sueño de "llegar a Marte" dentro de su carrera profesional y "superó" al Armstrong que puso el pie en la luna en 1969. El ciclista texano, a punto de cumplir los 33 años, dio todo un curso de calidad, ambición y poderío en el Tour que acaba de finalizar en la capital francesa, el que le ha servido para quedarse solo en el historial con seis títulos, por delante de los hasta ahora más grandes de la carrera, como Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain, todos ellos los componentes del "club de los 5".
Armstrong, convertido en un símbolo mundial de superación tras derrotar un cáncer, volvió a ser el mejor, razón por la que justifica su condición de "esclavo del ciclismo", su razón de ser y de vivir. El astronauta del ciclismo vive por y para el Tour, y cada día que se levanta el sacrificio está orientado a volver a escuchar el himno de su país en los Campos Elíseos el último domingo del mes de julio. "Soy un esclavo de mi profesión. Preferiría comer hamburguesas, beber vino y divertirme, pero me lo impide mi deseo de ser el mejor del mundo. Ganar el Tour es mil veces mejor. Me gusta trabajar por la victoria. Soy el mejor porque soy el que más sacrificios hace", ha repetido Armstrong en muchas ocasiones.
Armstrong ha ganado una edición fácil y cómoda, al contrario que la edición anterior, que fue la de las caídas y accidentes. Si el año pasado se salvó de milagro de lesiones serias en dos caídas, este ejercicio llegó a París como emperador absoluto con 6 victorias de etapa y demostraciones que permiten pensar que si quiere puede volver a por el séptimo título. "Me he divertido como nunca", dijo.
Su capacidad de sufrimiento y su mentalidad para superar problemas dentro y fuera de la carretera, esa que le hace parecer de otra pasta, la forjó desde bien pequeño. No tuvo una infancia demasiado cómoda. En su casa padeció el abandono de su padre y el padrastro solo le aportó violencia y odio.
Armstrong ya daba muestras de su ambición con 15 años. Entonces era profesional del triatlón y llegaban los primeros ingresos a sus bolsillos. Dijo que pronto sería el mejor. Con apenas 21 años ganó su primera etapa en el Tour y confesó que si otro Armstrong alcanzó la luna, él llegaría "hasta Marte".
"Es el tiempo de Armstrong", dijo un día el ciclista del US Postal por si había quedado alguna duda entre sus rivales, que siguen intentando encontrar el punto débil de un hombre que tras luchar por la vida parece ser indemne a todo tipo de ataques.
Rivales, directores de equipos y expertos varios aceptan el eslogan igual que en tiempos recientes con Indurain. "No hay duda, es superior", dicen resignados. "No soy un animal, soy un competidor, a veces paciente y a veces agresivo. Tácticamente soy bastante inteligente para saber atacar de forma selectiva y en el momento oportuno. Trabajo para ganar y el Tour es mi vida", comentó.
Armstrong, nacido el 18 de septiembre de 1971 en Austin, debutó como profesional con el Motorola en la Clásica de San Sebastián, donde quedó el último en 1992, pero luego la ganó en 1995 y consiguió un año después en Verdún su primera etapa del Tour de Francia. La victoria sobre Miguel Induráin, dominador del ciclismo mundial, en el Campeonato del Mundo de Oslo, ya dejó entrever a un ciclista atrevido, dispuesto a todo y difícil de intimidar.
"No me gusta que me llamen caníbal como a Merckx, solo quiero ganar. Tampoco me gusta regalar etapas porque antes las regalaba y después algunos no se portaban bien conmigo", explicó el día que ganó este año en el Grand Bornand.
En 1995, el estadounidense repitió triunfo de etapa en Francia y consiguió su primera victoria en una prueba larga en el Tour Du Pont, donde un año más tarde revalidaría su primer puesto en el podio para sumarlo a la Flecha Valona de 1996. Fue en ese fatídico año en el que se fraguó el mito, cuando Armstrong tuvo que hacer frente a un avanzado cáncer testicular con metástasis en pulmones y cerebro, y someterse a un duro tratamiento de quimioterapia. Sin duda, superar el cáncer fue su mayor triunfo personal. Su boda con Kristin Richard, su regreso a la competición con el US Postal en 1998 y sus primeras victorias en ese mismo año en el criterium de Austin, la Vuelta a Luxemburgo, la Clásica de Renania (Alemania) y la de Cascade (EEUU) despertaron la simpatía y la admiración de todos, aficionados y compañeros, que veían en Armstrong el mejor ejemplo de superación personal.
Su primer gran triunfo llegó en el Tour de Francia de 1999, cuando además del maillot amarillo logró tres victorias de etapa. Tanta hazaña después de su grave enfermedad era difícil de creer y pronto surgieron las voces, desde la prensa francesa, que le acusaban de posible dopaje.
En aquella ocasión la UCI (Unión Ciclista Internacional) salió en su defensa y aseguró que Lance estaba "limpio". Sin embargo, los rumores no abandonaron al corredor, cuyo carácter, un tanto hermético, no ha favorecido la simpatía de prensa y público.
"Me da igual lo que piensen de mi los periodistas o los que escriben libros. Yo lo que quiero es ganar y llegar a París con el maillot amarillo. Ese día les diré "Au Revoir"", dijo molesto cuando le preguntaron por las sospechas de dopaje que cargan contra él.
Aunque la actitud en Francia hacia el campeón ha cambiado un poco respecto a años anteriores, Armstrong tiene claro que viene a ganar y no a hacer amigos. "Yo tengo pocos amigos, pero los necesarios, de los que darían la vida por mí. Yo también haría lo mismo por ellos", dice.
No es creyente, pero la finca donde vive en Texas se llama milagro porque su ex mujer sí tenía fe. Cuando llegó a Europa vio por primera vez las catedrales. Se sorprendió por su antigüedad más que su belleza. En América no hay iglesias de más de 500 años. “Cuando veo eso creo en la grandeza del hombre. Ese es el milagro".
En el 2000, Armstrong arrasó en el Tour, en el que vistió de amarillo desde la décima etapa y sacó más de seis minutos a al alemán Jan Ullrich y más de 10 al español Joseba Beloki. Ese mismo año, recibió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, pero no pudo coronar su sueño olímpico y tuvo que conformarse con el bronce en Sydney.
En 2001 inscribió su nombre en el club de los 3 Tours junto a su compatriota Greg Lemond, el belga Phipil Thys y el francés Louison Bobet. Un peldaño más en su imparable trayectoria que tendría otra compensación personal con el nacimiento de sus hijas gemelas Isabelle y Grace, que se unieron a su otro hijo, Luke.
En 2002, volvió a exhibirse con autoridad y no se mostró obsesionado con el quinto Tour. Incluso admitió que se consideraba un corredor "un escalón por debajo de Induarain", pero su objetivo ya estaba marcado: volver en 2003 para ponerse en la primera página de los grandes mitos de "su carrera".
Sus mejores jornadas en el Tour las tiene marcadas en la victoria de 2002 en el Mont Ventoux y en la del Alpe D'Huez en 2001 y sus momentos estelares en la vida en la curación del cáncer, el nacimiento de sus tres hijos y su primera victoria en el Tour, en 1999. Ahora con el sexto título colecciona "una sensación especial, increíble".
"Con el nacimiento de mi hijo Luke sentí por primera vez que tenía una responsabilidad en este mundo. Tener hijos es vivir y trabajar para ellos. Yo no he tenido padre, pero se lo que tengo que hacer, cuando te ha faltado algo sabes lo que tienes que dar a los demás: seguridad, amistad y ternura. Mi madre fue bastante fuerte para los dos", dijo Armstrong.
Con su nombre en la leyenda del Tour, Armstrong no sabe si volverá en 2005. Las fuerzas se van debilitando, pero su ambición solo la concibe para ganar. Ya alcanzó Marte. ¿Y ahora?