LAS VEGAS, Estados Unidos, mar. 5, 2005.- El púgil mexicano José Luis Castillo no hizo nada del otro mundo, pero no tuvo mayores problemas para despachar a Julio Díaz. Con un castigo incesante, Castillo noqueó el sábado en el décimo asalto a su compatriota para retener el título de los ligeros por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
Castillo peleó en su estilo habitual, y acechó pacientemente a Díaz durante el combate, antes de derribarlo en dos ocasiones durante el décimo.
Díaz tenía una rodilla en el piso, después de la segunda caída, cuando el referí Reichard Steele le aplicó la cuenta de nueve y luego declaró el fin de las hostilidades del combate disputado en el hotel casino Mandalay Bay de Las Vegas.
Castillo defendió por segunda vez la diadema que le ganó a Juan Lazcano el año anterior. Como en la mayoría de sus peleas, el campeón impuso su férrea voluntad, y simplemente se mostró como el púgil más fuerte y experimentado.
"Sólo hice lo que tenía que hacer, presionarlo y lanzar un montón de golpes", dijo Castillo. "No resentí realmente ninguno de los golpes que tiró él".
Castillo, quien ganó por ocasión 52 en su carrera profesional, provocó un par de cortadas sobre los párpados de Díaz, aparentemente con choques de cabezas. El ojo izquierdo del retador estaba completamente hinchado cuando concluyó la contienda.
Díaz (30-3) abdicó a su título ligero de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) para retar a Castillo, pero careció del poder suficiente para alzarse con el triunfo.
"Empecé a perder la vista desde el cuarto round", dijo Díaz. "Estoy muy decepcionado, pero no podía ver sus golpes".
Castillo (52-6-1, con 46 nocáuts) estaba adelante por 88-83 en las tarjetas de los tres jueces, después del noveno asalto. Sin embargo, se cercioró de que las anotaciones no tuvieran importancia en la pelea, al acabar con su rival en el décimo.
Díaz cayó por un derechazo, a la mitad del round. Se levantó, pero tardó poco en visitar de nuevo la lona, por una combinación de derecha-izquierda. Puso una rodilla en la lona, pero no hizo ya esfuerzos por levantarse.
Steele decretó el fin del enfrentamiento a los 2:27 minutos del asalto.