AUGUSTA, Estados Unidos, abr. 9, 2005.- Vijay Singh, el fiyiano de 42 años que cometió este año la osadía de desbancar a Tiger Woods del liderato mundial, ha desatado la guerra psicológica en el Masters de Augusta tras poner bajo sospecha y solicitar a los jueces inspeccionar los clavos de acero del calzado de Phil Mickelson. Singh quiere volver a ganar el Masters, por encima de cualquier otra cosa incluidas, al parecer, las reglas más básicas de la deportividad y la cortesía.
El primer cañonazo de esa batalla mental sonó en Augusta cuando el fiyiano se dirigió el viernes a un juez en el "green" del hoyo 11, durante la primera ronda y en pleno "Amen Córner", para conminarle a que revisara los clavos del calzado de Mickelson cuando éste, qué casualidad, comenzaba a resurgir en su forma de jugar con un "birdie" en el hoyo 12.
Singh entendió que unas huellas muy profundas entorpecían el recorrido de su bola camino del agujero de los hoyos 11 y 12, en una jornada en la que la abundante lluvia dejó blandos como el bizcocho algunas zonas del campo.
El fiyiano creyó, curiosamente, que esa profanación en los tapetes atendía más a una irregularidad en los clavos del zurdo defensor del título, que le precedía en el juego, que a la blanda textura de los "greenes".
Mickelson recibió la visita de dos jueces en dos momentos distintos cuando estaba en el hoyo 13, con Singh por detrás observando la "jugada".
"Me dijeron que Vijay había denunciado que mis clavos estaban dañando los 'greens'", relató Mickelson acabada su vuelta. "En ese momento, estaba bastante concentrado en mi juego y no podía apreciar qué es lo que era diferente con respecto a otras rondas", añadió.
"Después de permanecer en el vestuario durante un buen rato, oí que Vijay estaba hablando con otros jugadores sobre esta cuestión. Me acerqué a él y le pedí explicaciones. Le expresé mi desacuerdo con el modo de proceder, pero creo que todo está ya resuelto", dijo Mickelson.
Sin embargo, la andanada de Singh, un hombre que goza de escasa aceptación entre los jugadores, ya estaba lanzada contra uno de sus rivales más peligrosos en la lucha por la Chaqueta Verde, puesto que tanto Ernie Els como Tiger mostraban hasta entonces un juego excesivamente erróneo.
A la mañana siguiente, el suceso se había convertido en la comidilla en Augusta. El español José María Olazábal informaba del hecho a sus compañeros de partido Bjorn y Leonard, en el rato de espera a que el reloj marcase las 8.30 para reanudar la segunda vuelta.
Mickelson pareció recoger el guante lanzado por Singh. El zurdo, que caminaba por delante del partido del fiyiano, parecía dedicar parte de su tiempo a jugar lento, pedir varios "drop" y, consecuentemente, ralentizar el juego de Singh, aquél que había puesto en duda la idoneidad de sus clavos.
"Si esa es su estrategia no le servirá de nada. Singh es un hombre muy sereno, que no le perturbará lo más mínimo que Mickelson entre a ese juego extraño", comentó el entrenador argelino de Singh, Farid Quedra , un hombre que acompañó en Málaga durante una etapa a su padre, también preparador, y que comenzó, poco después, su relación con Singh a comienzos de la década de los 80.
"Es más, lo que conseguirá Phil es distraer su atención en otra cosa que no sea su propio juego", comentaba Farid Quedra, un técnico que ha bebido de las fuentes de la sabiduría árabe y que da prioridad a la fuerza de la mente en el deporte del golf.