PARÍS, Francia, mayo 27, 2005.- El español Rafael Nadal dejó muda la pista central de Roland Garros al vencer al francés Richard Gasquet en menos de dos horas, con total superioridad, sin necesidad de sobresaltos, poniendo punto final a una confrontación vivida con pasión en los últimos días y que no respondió a la expectación levantada. En una hora y 49 minutos, con un calor infernal debido a los 38 grados que ambos jugadores padecieron, Nadal se impuso por 6-4, 6-3 y 6-2 para ganar su vigésimo partido consecutivo y colocarse en los octavos de final, cada vez más cerca de convertirse en el primer jugador desde el sueco Mats Wilander que gana Roland Garros en su debut.
No obstante, el partido no fue para enmarcar. Lleno de errores y resuelto a "palo seco", solo pasará a la historia como el duelo más publicitado de los últimos años, en el que Gasquet no estuvo a la altura que se le puede exigir a un hombre que ha sido capaz de vencer al número uno del mundo, el suizo Roger Federer, este año en tierra, en las semifinales de Montecarlo, y al que aspira a suceder a Yannick Noah como triunfador en París.
Pero nadie quería perdérselo. Ni el mítico Guillermo Vilas, que había presenciado el anterior entre Roger Federer y el chileno Fernando González, se movió de su asiento. Y aguantó, embutido en su terno negro, al lado de su esposa la tailandesa Phiang Phathu, con la que contrajo matrimonio la semana pasada. El mismo Michel Platini, vicepresidente de la FIFA, tampoco pudo resistir la tentación de perderse este duelo.
Con su victoria, Nadal se ganó al público parisino y de paso hundió en la miseria a Gasquet a quien considera un buen amigo suyo. El francés tendrá que sufrir mañana, sábado, el desconsuelo, la censura y la reprobación de la prensa francesa, después de perder un partido, vendido como la primera gran final de esta quincena, en el que nunca tuvo opciones.
El clima que se vivió en la central intentó ser el de Copa Davis, con gritos abrumadores de 15 mil gargantas de "¡Richard, Richard!", en los pocos momentos en los que el francés inquietaba al español.
Incluso cuando una valiente espectadora osó animar a Nadal con un ¡Alé Rafael!, la grada se volvió contra ella de forma unánime y recriminatoria.
El calor hizo que la bola botase más alta y esto favoreció sin duda a Nadal, que menos nervioso que su rival controló mejor esos momentos de incertidumbre del primer set, en los que Gasquet notó evidentemente la presión que emanaba desde los graderíos.
Ceder su saque a las primeras de cambio en los tres sets fue definitivo para Gasquet que fue luego siempre a remolque. El francés lo intentó casi todo, dejadas, arriesgadas subidas a la red, voleas.
Sólo en contadas ocasiones logró llevar la iniciativa y mostrar ese exquisito revés a una mano que posee y una formidable derecha plana cruzada. Nadal, con su juego pesado, rotundo en la definición con la derecha, y bastante acertado con el saque, controló mejor las situaciones. Y lo más importante, supo definir con prontitud.
Los cuatro juegos consecutivos que ganó Nadal, desde el 4-3 del segundo set hasta el 2-0 del tercero, fueron claves para que la moral de uno y otro subiera o se hundiera definitivamente.
Gasquet, en un intento desesperado logró igualar 2-2 pero fue un leve estertor, porque después Nadal volvió a romper en el sexto (4-2) y a irse fácil a por una victoria que le coloca en octavos de final, esperando al vencedor del encuentro entre el francés Sebastien Grosjean (23) y el checo Radek Stepanek (16).