MADRID, España, jul. 4, 2005.- Wimbledon se ha convertido en la propiedad privada Roger Federer al ganarlo tres veces consecutivas, pero también en el reducto donde el jugador suizo limpia sus frustraciones en tierra. Federer pertenece ya al grupo de los grandes, de los míticos jugadores que han triunfado tres veces en el All England Tennis Club, como el sueco Bjorn Borg, el estadounidense Pete Sampras o el alemán Boris Becker. Allí explota su juego al máximo nivel, exprime sus armas, y en las verdes praderas inglesas encuentra el aliento y consuelo que le falta en la tierra roja de París.
Lo dijo después de perder contra el español Rafael Nadal en las semifinales de Roland Garros. "Menos mal que en dos semanas estaré en Wimbledon", comentó entonces. Y empezó a preparar la defensa de su segundo título en Londres ganando en la hierba de Halle (Alemania) por tercer año consecutivo.
Boris Becker sentía lo mismo que Federer. En nueve actuaciones en París, el alemán alcanzó tres veces las semifinales (1987-89-91), pero nunca tuvo opción para luchar por el título. "Boom-Boom", eso sí, disfrutaba, sonreía y ganaba en Wimbledon, cuya pista central bautizó como la sala de estar de su casa, tras ganar en tres ocasiones.
Pete Sampras también sintió esta especial redención cada vez que jugaba en Church Road. El drama para él fue retirarse con 14 Grand Slams en su bolsillo, siete en Wimbledon, pero nunca con Roland Garros en su palmarés. En París fue semifinalista en 1996, pero allí se topó con el ruso Yevgueni Kafelnikov lanzado hacia el título.
Federer ha ganado torneos en tierra, el Masters Series de Hamburgo, por ejemplo, en tres ocasiones. Pero París se le atraganta. Llegó a los cuartos en el 2001 y este año mejoró su actuación al lograr las semifinales contra Rafael Nadal, demasiado para él. Pero una vez en Londres se despacha a discreción.
Roddick no tiene duda de que el domingo se enfrentó con el jugador con más carisma del circuito, con el Federer en estado puro, con la raqueta mágica a más revoluciones. Y colocó el nombre del suizo entre los ya consagrados.
"Se ha convertido en un jugador sólido mentalmente, y por supuesto no hay duda de que está mejor que nunca. No creo que mucha gente en la historia pudiera vencerle".
Roddick, campeón del Abierto de Estados Unidos, admite que a veces jugar contra Federer es sentirse un espectador más. "Tienes que decir, muy bien, muchas veces cuando le ves ejecutar los golpes, y esperar que se aburra. Le he dicho que a veces me gustaría odiarle pero es un tío majo", comentó tras su derrota para bromear, "igual le tengo que dar un puñetazo para ganarle" .
El de Omaha no es el único que siente un placer especial en enfrentarse contra Federer. Carlos Moyá también señaló en Roland Garros que admiraba tanto el juego del suizo, que incluso lesionado en el hombro, sacando a 110 kilómetros por hora, no quería perderse el placer de enfrentarse a un tenista de tan depurado estilo que ocupaba ya un lugar en la historia.
Este Federer triple ganador de Wimbledon, de tan solo 23 años y con cinco grandes coronas en su palmarés ya, es consciente de que ahora su técnica y precisión incluso se escapan de sus manos.
"Me sorprendo a mí mismo de la forma increíble con la que empleo mi talento para ganar", dijo tras apabullar a Roddick. "Los que me siguen desde que soy joven sabían que tenía potencial, pero nadie pensó que iba a llegar hasta estos extremos, básicamente dominando el juego y ganando tres Wimbledon".