PARIS, Francia, sep. 15, 2005.- Mary Pierce, finalista en el Abierto de Estados Unidos el pasado domingo, ha vuelto a casa, a su pista predilecta, la Philippe Chatrier, la central de Roland Garros, dispuesta a liderar con su experiencia la venganza francesa contra Rusia en la final de la Copa Federación que tendrá lugar este fin de semana. En el que quizás pueda ser su último intento de obtener este título, Pierce es consciente de que su concurso en el equipo francés junto con Amelie Mauresmo, Nathalie Dechy y Tatiana Golovin, además de la suplente Virginie Razzano, es decisivo, más cuando ella es la única jugadora que participó en las dos victorias del equipo galo en la Copa Federación, en 1997 y 2003, y que esta vez se trata de vengar la derrota que las rusas les infligieron el pasado año en la final disputada en Moscú.
La jugadora de Montreal llegó a París no obstante, mermada con unos dolores en su pierna derecha tras el partido contra la belga Kim Clijsters en la final de Flushing Meadows. Varios días después, esas dolencias son únicamente un vago recuerdo de su estancia en Nueva York.
Unas sesiones de estiramientos especiales, el cariño de sus seguidores, y los entrenamientos con Hugo Lecoq, han sido suficientes para que Pierce adquiera el tono necesario para afrontar esta confrontación con las mayores garantías.
El capitán francés, Georges Goven, su ayudante Loic Courteau, y las jugadoras Golovin, Dechy y Mauresmo se han percatado ya que Mary está preparada y dispuesta para luchar por uno de los puestos para disputar los partidos individuales.
El médico del equipo francés, Gilles Daubinet, también confía en ella. "Todo transcurre con normalidad, hace mucho tiempo que no teníamos a las cinco jugadoras a tope", ha señalado. Daubinet ha preparado además un plan específico a Pierce para que se recupere cuanto antes de los síntomas del ‘jet-lag’, un método escandinavo que consiste en aclimatarse poco a poco a las horas de sol, gracias a una lámpara, que parece mágica a la vista de los resultados, porque por el momento, son positivos.
"No tengo demasiados dolores. Los tres días de descanso después de la final del Abierto de Estados Unidos me han venido muy bien, y estoy muy contenta. Me siento muy bien", ha señalado Pierce. "El martes estaba muy cansada, pero me encuentro muy bien hoy. Creo que voy a mejor", manifestó.
Pierce se siente segura, refugiada sobre la central de Roland Garros, que se ha convertido para ella como lo fue la central de Wimbledon para el alemán Boris Becker. La número dos del equipo francés está acostumbrada a esta pista donde perdió la final de 1994 contra la española Arantxa Sánchez Vicario y ganó el título en el 2000 contra la también española Conchita Martínez, y donde este año lo intentó, pero con estrepitoso fracaso, ante la belga Justine Henin-Hardenne (6-1 y 6-1).
"Adoro esta pista. Aquí tengo un montón de buenos recuerdos, mi victoria, mis dos finales, el apoyo del público, la ola que hacían. Es una pista que me hace volar", ha señalado Pierce al comentar sus sensaciones en un recinto que conoce a la perfección y en el que ha vivido los momentos más importantes de su carrera.
En principio y si no hay cambios para el sorteo de mañana viernes (13:00 hora local), Pierce será la segunda jugadora del equipo francés y Amelie Mauresmo saldrá de número uno. El capitán ruso Shamil Tarpischev lo tiene también claro, Elena Dementieva y Anastasia Myskina, las mejores del equipo, finalista y campeona en Roland Garros el pasado año, defenderán los colores rusos.