LAS VEGAS, Estados Unidos, dic. 1, 2005.- De cierta manera, Bernard Hopkins es el anti Mike Tyson, al menos en cuanto a dinero se refiere. Se encarga de ir al supermercado para hacer sus compras y con orgullo exhibe una tarjeta de descuento. También se sabe de memoria los sitios en el centro de su natal Filadelfia donde puede estacionar gratis el auto.
Haber estado en la cárcel puede enseñarle el valor de la disciplina a cualquiera. Esa es una de las razones por las que Hopkins ha peleado en la división de las 160 libras (72 kilos) durante los últimos 15 años, cuando la mayoría de los boxeadores no tiene otra que subir de peso.
Y también es el motivo por el cual Hopkins tendrá varios millones de dólares depositados en su cuenta bancaria si cumple con sus planes de retirarse tras su combate del sábado por el cetro mediano ante Jermain Taylor, en una de las revanchas más esperadas del año.
"No han visto a un peleador tan disciplinado como yo desde la época del 'Maravilloso' Marvin Hagler", dice el ‘Justiciero’ Hopkins. "Yo aprendí de disciplina en la cárcel".
Desafortunadamente para Hopkins, esa disciplina a veces va acompañada con su terquedad --algunos dirán paranoia-- que a lo largo de los años le ha impedido sacar provecho de su condición como uno de los mejores medianos de su generación.
Se ha peleado con promotores, preparadores y agentes, de quienes sospecha querían sacarle más dinero de su cartera.
Le fascina hablar sobre sí mismo, pero su boca le pudo haber costado mucho más que los 600 mil dólares que un jurado falló en su contra por injurias a su ex promotor Lou DiBella.
No fue hasta que Oscar De La Hoya aceptó tenerlo como rival cuando Hopkins ganó una bolsa apreciable. Y estuvo a punto de desperdiciar la oportunidad, al amagar con no presentarse a un combate de preparación al considerar que el réferi se la tenía jurada.
"Bernard Hopkins es como uno que se gana la lotería y después pierde el boleto", dijo el promotor Don King.
Hopkins cumplirá los 41 años el próximo mes, edad en la que la mayoría de los boxeadores en Las Vegas están pensando en la jubilación.
Si logra cobrarse revancha por una polémica derrota por decisión ante Taylor en julio pasado, su primer revés en 12 años, promete que colgará los guantes y que se dedicará al oficio de promotor junto a De La Hoya.
Esa no es mala idea para Hopkins, quien no vacila en conversar sobre sí mismo por media hora a cualquiera que le salude en la calle.
Habla mucho, pero hay un tema que no toca: su reciente malentendido con Bouie Fisher, su preparador y mentor de toda la vida.
Hopkins cortó con el preparador de 77 años por cuestiones de dinero. Prefiere no referirse al asunto, pero Fisher sí lo hizo hace poco y no tuvo nada agradable que decir sobre su ex pupilo.
"Bernard es una persona muy difícil", dijo Fisher en una entrevista con el diario Daily News de Filadelfia. "Cuando se trata de dinero, Bernard lo quiere acaparar todo. Se quiere quedar con toda la gloria, el crédito, toda la plata. Todo debe girar sobre sí mismo".
Su último obstáculo, al menos en los tinglados, sería Taylor, ganador de una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 2000. Taylor logró lo que 20 antecesores no habían podido conseguir ante Hopkins: despojarle el cinturón de los medianos.
Su racha de defensas se frenó el 16 de julio. Aunque Hopkins peleó de menos a más, muchos quedaron sorprendidos cuando la decisión favoreció estrechamente a Taylor.
Hopkins cree que vencerá sin problemas a Taylor el sábado en el hotel-casino Mandalay Bay.
También pregona que pasará a la historia como una leyenda de los medianos, aunque algunos opinan que no está al nivel de un Hagler o Carlos Monzón.
"Estoy convencido de que se hablará del legado de Bernard Hopkins por muchos años", dijo.