L’ALPE D’HUEZ, Francia, jul. 18, 2006.- El estadounidense Lance Armstrong llegó a Francia para seguir a su equipo, el Discovery, durante algunas jornadas del Tour, que él ganó en siete ocasiones, pero no tuvo un cálido recibimiento tras sus declaraciones sobre la selección francesa de futbol y, en particular, de Zinedine Zidane. Armstrong es ahora una de las personas menos aceptadas por los franceses, que nunca le perdonarán sus siete victorias bajo la sospecha de dopaje, como tampoco que haya señalado a los futbolistas de Francia, con Zidane a la cabeza, como "dopados totalmente".
El ex ciclista estadounidense apareció sonriente en Alpe D'Huez y subió el puerto en bicicleta, siguió el resto de la etapa en helicóptero y luego declaró que sus afirmaciones sobre Francia y Zidane habían sido una broma, pero sólo consiguió un recibimiento hostil de la prensa francesa.
"Las declaraciones que hice eran broma, no quise insultar a nadie. Francia es un país que me gusta mucho y que me lo ha dado todo como corredor, y el Tour es y será siempre la mejor carrera del mundo", dijo Armstrong
Pero ya era demasiado tarde para rectificar. Los medios de comunicación franceses y la opinión pública ya estaban indignados con la afrenta contra Zidane y su selección.
Enfrentado con la organización del Tour, especialmente desde que un periódico desveló un posible positivo con EPO en 1999, afirmó que su único objetivo en el Tour 2006 es "estar con mis compañeros y animarles", como hizo en mayo cuando acudió al Giro de Italia.
Algunos piensan que Lance Armstrong no debiera tener demasiado tiempo para bromas ahora que pasa mucho tiempo con sus tres hijos, se dedica a sus negocios, una fundación contra el cáncer o como piloto de coches, atleta de maratón e incluso consejero del presidente de los Estados Unidos, George Bush, en su lucha contra el cáncer, que él mismo sufrió.