MELBOURNE, Australia, ene. 26, 2007.- Con un desempeño espléndido y valiéndose de sus potentes disparos, el chileno Fernando González se metió a la final del Abierto de Australia, este viernes, al doblegar por 6-1, 6-3, 6-1 al alemán Tommy Haas. "El Bombardero de La Reina" hizo honor a su mote, y dio una auténtica cátedra de potencia en el disparo. Prácticamente jugó sin fallas en el Rod Laver Arena, ante un Tommy Haas que terminó aturdido y frustrado, ante el gran repertorio de tiros que el sudamericano le recetó, y que provocaron constantes exclamaciones de asombro por parte del público.
"Fue un día muy bueno para mí", dijo el chileno, quien comenzó su carrera tenística en la zona santiaguina de La Reina. "Estoy jugando un gran tenis, y esto me tiene muy contento".
González (décimo preclasificado en el certamen) tuvo una actuación tan buena que hizo recordar a la que mostró en la jornada anterior el suizo Roger Federer, primer lugar del escalafón mundial, cuando apabulló al estadounidense Andy Roddick para meterse también a la final.
El sudamericano no cometió errores en el primer set ni en el tercero, y acumuló apenas tres en el partido, a cambio de 42 tiros ganadores, que le redituaron más de la mitad de sus 82 puntos. Haas ganó sólo 12 puntos en el duelo de siete games.
González, quien nunca antes había llegado a una semifinal de un torneo del Grand Slam, se medirá a Federer el domingo por la noche.
"Roger es el número uno, por mucho", dijo González. "Pero nos queda un partido. He perdido muchas veces contra él, pero sé que estoy jugando mucho mejor que la última vez que lo enfrenté".
González es apenas el cuarto latinoamericano que disputará una final del Abierto de Australia. Antes de él lograron meterse en el duelo por el título su compatriota Marcelo Ríos, quien cayó en 1998; el argentino Guillermo Vilas, quien ganó las finales de 1979 y 1978, y perdió en 1977, y el peruano Alex Olmedo, quien se impuso en 1959.
La música de un concierto cercano alcanzaba a escucharse en el Rod Laver, en una noche en que se conmemoró el Día de Australia. Hubo un espectáculo pirotécnico después del partido.
Quizás no hacían falta los fuegos artificiales. Un momento antes, González había mostrado que tenía artillería de sobra.
El chileno, quien alguna vez adoleció de un débil tiro de revés y falta de concentración en los partidos, ha mejorado notablemente en ambos aspectos durante los meses recientes, y ha ganado miles de admiradores en Australia por su potente servicio y derecha.
Incluso González se mostró emocionado por las estadísticas del partido, y bromeó sobre las cifras que tenía en los albores de su carrera.
"No es tan difícil (tener 42 tiros ganadores y tres errores). Durante muchos años he jugado con 45 errores y tres tiros ganadores", dijo. "Ahora trato de trabajar un poco más cada punto, corro mejor, puedo jugar cinco sets y esto me alegra mucho".
El chileno ganó 11 puntos seguidos en el comienzo del primer set, para enfilarse rápidamente al triunfo. Sólo tuvo un momento difícil en la segunda manga, con 12 tiros ganadores y tres errores, antes de que Haas, con el entusiasmo por los suelos, azotara la raqueta una vez y amagara con repetir el desplante en dos ocasiones más.
Haas trató de obligar a que el chileno recurriera al revés, pero González fue paciente, y lanzó un tiro tras otro con efecto hasta que tuvo la oportunidad de dar un derechazo para acumular puntos.
Un grupo de aficionados alemanes, con el nombre de su ídolo pintado en el pecho y el mensaje de "Adiós, González" plasmado en la espalda, alentó a Haas en el duelo, pero su ánimo también se fue apagando.
González, quien nunca vio roto su servicio, resolvió la partida con un revés cruzado para su séptimo quiebre a favor.