Hoy vivimos en un mundo vertiginoso. En el día a día…no tenemos tiempo para sentarnos a pensar y reflexionar sino que estamos siempre tratando de solucionar los temas que consideramos muy importantes y que no se pueden postergar. Pero al ir en esta montaña rusa nos olvidamos de los temas importantes, y en este momento es cuando corremos el riesgo de saber dónde estamos parados, cuál es nuestro rumbo. Cuando uno comienza un negocio, realiza un plan de negocios y establece el camino a seguir: el producto que se va a vender, el equipo con el que se va a trabajar, la tecnología a utilizar, el mercado al que nos vamos a dirigir, etc. Pero el mundo es un proceso constante donde se dan cambios y debemos estar preparados para esto, y tener la habilidad de tomar las medidas necesarias para adaptarnos.
Debemos hacer un diagnóstico, y evaluar nuestra empresa constantemente. ¿Se cumplieron los objetivos planteados?, ¿por qué no? ¿es adecuado el personal de trabajo con el que cuento? ¿las políticas comerciales son correctas?.
Descubrir que no estamos en el camino hacia el éxito no es dramático. Lo importante es hacerlo a tiempo. Por ejemplo una empresa mexicana de Logística, supo darse cuenta que el mercado al que estaba apuntando y el producto que estaba ofreciendo no era el más adecuado. Cambió su estrategia comercial y tuvo que hacer una reestructuración de toda la empresa para su nuevo enfoque.
Además no debemos olvidar que estamos en un mercado cambiante, lo que hoy puede funcionar, tal vez mañana no. Los emprendedores muchas veces se aferrar a su proyecto y el desatender los cambios o reestructuraciones a tiempo puede llevarlos al fracaso.