por: Mario P. Székely
CIUDAD DE MÉXICO, México, feb. 28, 2003.- Crea algo bueno y tarde que temprano será descubierto. Cuando en 1926 la ex reportera de la corte Maureen Dallas Watkins escribió la obra
Chicago, jamás imaginó el efecto dominó que tendría su concepción sobre el mundo de las celebridades.
El texto de Loop fue adaptado a musical por el legendario Bob Fosse (Cabaret), quien lo llevó a Broadway sin mucho éxito en 1975 con Gwen Verdon, Chita Rivera y Jerry Orbach.
Veinte años más tarde, Chicago pudo demostrar que siempre estaba adelantada a su tiempo y abarrotó los teatros de Broadway, con una puesta en escena basada en las coreografías de Fosse y usando las canciones de Fred Ebb –letrista de Cabaret-.
Hollywood no podía dejar pasar la oportunidad de imprimir su propio ritmo a Chicago y bajo la producción de Miramax decidió que las audiencias modernas estaban listas para volver a ver actores cantar en pantallas. Moulin Rouge! con Nicole Kidman e Ewan McGregor lo dictaba con su éxito del 2001.
Miramax convocó al director debutante en cine Rob Marshall, quien acababa de terminar para la televisión la nueva adaptación de Anita la Huerfanita, para que armara la difícil y elaborada producción de Chicago, encomendando el guión al ganador del Oscar por Gods and Monsters, Bill Condon.
“Esto fue un reto desde el primer segundo, pues la obra de Broadway está compuesta por números musicales que los actores interpretan de cara a la audiencia y donde obviamente no podíamos hacer eso en una película”, explica para la revista American Cinematographer el fotógrafo Dion Beebe.
Marshall ideo al teatro de Onyx Theatre, como el lugar donde las fantasías de la protagonista Roxie (Renée Zellwegger) suceden. Ella sueña con ser bailarina y cantante y nosotros como audiencia vemos en pantalla sus sueños hechos realidad.
La premisa básica del argumento sitúa a Roxie y Velma (Catherine Zeta-Jones), una novata y otra experta en el uso del escenario del Chicago de los años 20, como dos mujeres que caen en prisión por sus crímenes y usan su caso para llamar la atención de los tabloides y con ello alcanzar la tan ansiada fama.
Nada alejado de los casos de Monica Lewinsk y Gloria Trevi, donde la prensa se ha dado un festín convirtiendo en evento sus comportamientos dudosos o criminales.
Miramax tuvo consideración de lo ambicioso de Chicago y les otorgó a Marshall y su equipo de actores 12 semanas para aprender la coreografía. Las cuatro nominaciones al Oscar para cuatro miembros del reparto y el Globo de Oro a Richard Gere, hablan de la excelencia que lograron al actuar, cantar y bailar a la vez.
Desde jovencita Zeta-Jones bailaba tap y ahora está en el momento en que Hollywood voltea de nueva cuenta a ver los musicales como su próxima mina de oro. Desde 1968 con Oliver! que una cinta musical no gana el Oscar de Mejor Película.
Por lo pronto ya tienen el padrinazgo de los veteranos de Cabaret John Kander y Fred Ebb, quienes le regalaron a Chicago la canción de “I Move On”, la cual está nominada al premio de la Academia a Mejor Canción Original.
Con un presupuesto de 40 millones de dólares, Chicago en tan sólo en Estados Unidos lleva 80 mdd. Su premio de Mejor Comedia o Musical del Globo de Oro la proyectó directamente a la constelación de Oscar.
¿Será esta cinta el regreso oficial de los musicales?… por el zapateado de Gere y sus chicas pensamos que sí.