'21 Gramos', retrato humano

 
 
 
por: Arturo Aguilar
Fuente: esmas.com
 

'21 Gramos' es un impresionante ensamble artístico que se perfila hacia el Oscar

 
CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 20, 2003.- Retratar el colapso de un ser humano es, sin duda, uno de los trabajos cinematográficos más difíciles. Hacer de ese filme, un equilibrado trabajo de equipo es un logro aún más complicado.

Este jueves se estrena a nivel nacional la segunda cinta de Alejandro González Iñárritu, 21 Gramos, ejercicio estilístico demasiado parecido en su forma a Amores Perros (incluso se auto plagia fórmulas y escenas) pero que en su fondo alcanza niveles superlativos.

Si bien González Iñárritu aún está por definir sus alcances como realizador, más allá de recetas y estilos narrativos que ya probó y comprobó (comprensible siendo este su segundo largometraje), sí demuestra una capacidad inigualable para ser la cabeza de importantes proyectos, conjuntar equipos de ensueño y llevarlos en una dirección común.

Es en esta suma de talentos donde 21 Gramos se catapulta como una de las cintas más íntimas e intensas del año. Su guión y sus actuaciones, son prueba fehaciente de la presencia de cuatro artistas en toda la expresión de la palabra.

El trabajo de Guillermo Arriaga como guionista sustenta el concepto entero de 21 Gramos, el retrato fiel y honesto, sin falsos maniqueísmos, de la condición humana, de la tristeza, del pesar, del derrumbe emocional. Los suyos son personajes arquetípicos en crisis, cayendo al abismo, colapsando segundo a segundo irremediablemente, como los personajes de Paul Schrader en Taxi Driver o Vídas al Límite.

Si en Arriaga el fondo es intenso, su forma se vuelve interesante y compleja, mezcla de influencias literarias de Faulkner, Cortázar y Rulfo (las fácilmente reconocibles), espiral vertiginosa y desordenada con parada final en el infierno personal de cada personaje, casi exentos de una posible redención, prohibidos de llegar al ‘final feliz’ que el filme no necesita. Forma que, de la precisa mano del cinefotógrafo Rodrigo Prieto, se transporta a la cinta en una mezcla de tiempos y espacios que retan al espectador, que lo involucran desde el primer minuto.

La tríada actoral en escena es un banquete para disfrutar. Naomi Watts demuestra una vez más (ya lo había hecho con David Lynch) su fuerza histriónica y una inteligencia admirable para cómo trabajar en equipo. Lejos de querer competir con Sean Penn (un virtuoso de la actuación, capaz de ir de lo voluble a lo controlado, siempre preciso en sus interpretaciones), se apoya en este, arriesga y desde ahí logra llevarse la película.

Por su parte, Benicio del Toro deja clara su capacidad camaleónica y el total control corporal que maneja a su antojo para mostrar una fragilidad difícil de creer en un hombre de su complexión y rasgos, un actor que se entrega en pantalla sin reservas.

21 Gramos es la mirada inclemente a los traumas cotidianos, a los avatares emocionales que cualquiera puede vivir, en otras palabras, a la profunda complejidad humana, una de esas películas de las que uno sale, de un modo u otro, profundamente conmovido, jamás indolente o apático.

 
 
 
Gran parte de la fuerza de '21 Gramos' reside en las magníficas actuaciones.
Gran parte de la fuerza de '21 Gramos' reside en las magníficas actuaciones.
Foto: Cortesía
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