Alma de héroes

 
 
 
por: Redacción
Fuente: esmas.com
 

(Seabiscuit)
Estados Unidos, 2003

 
En el invierno de 1937, América andaba por el séptimo año de la década más catastrófica de su historia. La economía había venido cayendo y millones y millones de personas se venían quedando sin trabajo, sin ahorros, sin hogar.

La terrible devastación daba lugar a su vez a nuevas y poderosas fuerzas sociales. La primera sería una industria burguesa del escapismo. Norteamérica estaba desesperada por perderse en cualquier cosa que le ofreciera algo de seguridad. Los pequeños cines del país recibían a 85 millones de personas por semana, a un costo de 25 centavos, para ver una infinidad de musicales y comedias.

En la radio, el mundo idealizado de One Man’s Family y las historias tranquilizadoras de The Lone Ranger eran éxitos imbatibles. Downtrodden Americans influía sobre el protagonista Horatio Alger, el humilde Cada Cual que crece desde el anonimato y la falta de esperanza. Lo buscaban como espectador de los espectáculos deportivos, que estaban viviendo por entonces un crecimiento inconmensurable.

Con la legalización de las apuestas, ningún deporte crecía más rápido que las carreras de los purasangres. La necesidad empujaba a la generación de innovaciones tecnológicas que ofrecía al público un inédito acceso a sus héroes.

La gente, acostumbrada a leer repeticiones de hechos comparativamente secas se enfrentaba ahora con escenas vívidas presentadas en la pantalla. Un público que había crecido con ilustraciones de noticias y fotos borrosas se encontraba de pronto frente a escenas con movimiento que quitaban el aliento gracias a los desarrolladísimos sistemas de fotografía. Estas imágenes estaban además rápidamente disponibles gracias a los servicios de fotos a distancia, que habían aparecido en el mes en que Pollard, Howard y Smith constituyeron su sociedad.

Pero fue la radio la que tuvo el impacto más grande. En los años 20, el costo de una radio había sido prohibitivo --$120 o más—y todo lo que se podía comprar era un montón de partes sueltas en una caja. En las áreas rurales que no tenían electricidad, las radios funcionaban con unas pilas carísimas y de vida muy corta.

Pero con los años 30, aparecieron las radios de consola, a galena y las que podían colocarse en un automóvil al increíble precio de $5 dólares. Para el año 1935, cuando Seabiscuit empezó a correr, dos tercios de los hogares del país tenían una radio. En el pináculo de su carrera, ese número creció en un 90%, más los ocho millones de radios que fueron colocadas en los autos.

Permitiendo, al menos virtualmente, que todos los ciudadanos recibieran la noticia de los hechos relevantes al mismo tiempo y de manera interesante, la radio creó una vasta cultura en Estados Unidos, probablemente la primera cultura masiva que el mundo haya visto.

Las carreras, un deporte cuya acción dramática resultaba ideal para el comentario narrativo, se convirtió en la materia prima dilecta de la transmisión por aire. El Santa Anita Handicap, con su enorme premio y sus atletas mundanos, compitiendo en lo que en poco tiempo iba a convertirse en el deporte más practicado del país, se transformó en uno de los primeros eventos radiales del año.

En febrero de 1937, todas estas nuevas fuerzas sociales y tecnológicas convergían. La edad moderna de la celebridad estaba amaneciendo. La nueva máquina de la fama esperaba. Todo lo que se necesitaba era que apareciera el sujeto. En esa hora singular, Seabiscuit, la Cenicienta de los caballos, voló por encima de la línea en el Santa Anita Handicap. Algo había cambiado: él estaba allí.

Título Original: Seabiscuit
Director: Gary Ross
País: Estados Unidos
Actores: Tobey Maguire, Jeff Bridges y Chris Cooper
Guión: Gary Ross
Productor: Kathleen Kennedy y Frank Mashall
Año: 2003
Género: Drama
Estreno en México: 5 de diciembre de 2003

 
 
 
Tobey Maguire protagoniza esta cinta.
Tobey Maguire protagoniza esta cinta.
Foto: esmas.com
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