Zapata, la pesadilla del héroe

 
 
 
por: Eduardo Martínez Soto Alessi
Fuente: esmas.com
 

Con más tropiezos que aciertos, Alfonso Arau entrega su propia versión de la vida de Zapata en 'El Sueño del Héroe', que se estrena este viernes

 
CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 29, 2004.- Desde hace varios años y en especial desde el levantamiento indígena de 1994, pensar que alguien se aventurara a hacer una película sobre Emiliano Zapata definitivamente implicaba riesgo y arrojo, por todo lo que la figura del mártir revolucionario conlleva.

Quién finalmente decidió tomar al toro por los cuernos fue Alfonso Arau, un director que siempre ha gustado de retratar la esencia del pueblo mexicano pero que igualmente se ha mantenido devoto a las fórmulas de Hollywood.

Y es precisamente eso lo que entrega en Zapata, El Sueño del Héroe: una cinta atrozmente alejada de su contexto histórico y que muestra a un héroe aderezado y empalagoso que, entre otras cosas, no dispara una sola bala.

Como Arau lo advirtera desde que anunciara el rodaje de la cinta, no vale la pena juzgarla como un documento histórico ni biográfico, pero aún apegándose únicamente al aspecto artístico, Zapata, El Sueño del Héroe deja un pésimo sabor de boca en el espectador, que sin duda lamentará que en las pantallas de otros países se exhiba esta visión del Caudillo del Sur.

Como en todo, definitivamente hay algunos puntos a favor: la fotografía de Vittorio Storaro y el diseño de producción de Eugenio Zanetti son creativos, aunque no excepcionales. La actuación de Jesús Ochoa es, por supuesto, la mejor de todo el elenco y sorprendentemente, la de Jaime Camil también es bastante decorosa.

Pero ello no compensa ver a un Alejandro Fernández al que, con todo y su imagen de macho mexicano, cuesta mucho creerle alguna de sus líneas; o a una Lucero que, si bien luce hermosa, no sabe aprovechar la vasta experiencia que le ha dejado la pantalla chica.

Penoso es también darse cuenta de que Arau decidió sacrificar la seriedad y la precisión histórica de la película por amistades y patrocinios; muestra de ello es el acercamiento descarado a una botella actual de Tequila Herradura Antiguo o, peor aún, la aparición de Lucero León, madre de la cantante, y de Jaime Camil (padre) como extras.

La obsesión del director por los antiguos rituales indígenas lo llevan a caer en la exageración, al mostrar a una Chamana (Soledad Ruiz) que “guía” la vida de Zapata a lo largo de la película, apareciendo y desapareciendo con efectos estilo Odisea Burbujas. Y ni que decir de ese Zapata “místico” que, entre otras cosas, resulta que se telepateaba con los caballos.

Pero sin duda, una de las peores secuencias es cuando Victoriano Huerta (Ochoa) se obsesiona tanto con el rumor de que a Zapata no le hacían daño las balas porque el espíritu de Cuauhtémoc se había posesionado de él, que decide quemarle los pies igual que Cortés lo hiciera con el rey azteca, hecho que jamás sucedió.

Entre imprecisiones históricas imperdonables, locaciones repetitivas, errores de continuidad y una narrativa bastante ramplona, Zapata, El Sueño del Héroe no hace sino decepcionar y desear que en alguna otra ocasión, a la figura del revolucionario se le haga justicia en la pantalla.

 
 
 
Alejandro Fernández en el papel de Emiliano Zapata.
Alejandro Fernández en el papel de Emiliano Zapata.
Foto: Cortesía
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