CIUDAD DE MÉXICO. México, julio 14, 2004.- El pasado lunes, en la Cineteca Nacional se llevó a cabo una premiere fuera de lo normal. No hubo alfombra roja ni desfile de estrellas. Lo que se presentó fueron los proyectos terminados del
Tercer Concurso de Cortometraje en México.
Como su nombre lo indica, las películas exhibidas tuvieron corta duración, pero muchas de ellas tendrán larga permanencia en la memoria de quienes las vieron y de quienes después, en la esperanza de una corrida comercial, puedan apreciarlas. Los cortometrajes son el equivalente en la literatura al cuento y de acuerdo con esa concepción, deben plantear una idea, desarrollarla y concluirla en un periodo muy corto de tiempo.
Los del pasado lunes no decepcionaron. Algunos realizados por recién egresados de las escuelas de cine, otros por ex alumnos que han practicado en publicidad y películas independientes, los cortos que se apreciaron hacen presentir un buen desempeño de cada staff en el largometraje.
El Otro Sueño Americano, dirigido por Enrique Arroyo, se desarrolla a partir de un plano secuencia de diez minutos y toca el escabroso tema de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y fue de los que mayor impacto provocaron. La Nao de China, Para Vestir Santos, Pata de Gallo, Espíritu Deportivo y El Día Menos Pensado, fueron también de los que más aceptación tuvieron en una sala llena al cien por ciento.
Sin embargo también hubo algunos altibajos. El corto Huevos hizo decaer el entusiasmo del público pues técnica y dramáticamente mostró serias deficiencias. Otro que no cumplió enteramente las expectativas fue Charros, que intenta rescatar la gramática de las películas rancheras de la época de oro pero que, a decir de muchos, desaprovechó la presencia de Jesús Ochoa y Cecilia Suárez en su reparto.
Al terminar la proyección, el comentario general era favorable, especialmente por la frescura que se detectó en los cortos. Muchos decían que en una industria estancada como es la del cine mexicano, es reconfortante ver que los nuevos realizadores y guionistas ven con desenfado al medio y sobre todo, lo renuevan con tema o tratamientos poco comunes en México.