CIUDAD DE MÉXICO, México, ago. 6, 2005.- Después de seis años de haber estado "enlatada", la película mexicana
Soba, del director Alan Coton, se estrenará el próximo viernes en algunos cines de esta ciudad.
“Es una película 100% independiente, hecha en sistema de cooperativa. Éramos un grupo de gente preocupada por la inseguridad en la ciudad de México y queríamos protestar ante ello, pero no recibimos ningún tipo de apoyo de autoridades o instituciones y tuvimos que buscar nuestro propio financiamiento”, dijo el director en rueda de prensa.
La cinta, que tuvo un costo de sólo $100 mil dólares, será exhibida en los tres complejos de la cadena Cinemark de la capital mexicana, ya que fue esa empresa la que decidió apoyar a la cinta en su distribución.
“La hicimos con una dinámica ‘guerrillera’”, dice Coton, quien explica que Soba está inspirada en una historia de la vida real, sobre la violación de una joven en Tláhuac por parte de un policía, hace ya algunos años.
Protagonizada por Dagoberto Gama (Amores Perros) y la debutante Claudia Soberón, la película se ha exhibido en varios festivales de cine independiente en Europa, con buena respuesta de la crítica.
“La violencia en México es sólo el fondo de la historia, porque realmente es una historia de amor. En Europa la recibieron muy bien, la respuesta de la gente fue muy buena, ojalá aquí sea igual”, apuntó el cineasta.
Soba narra la historia de Justina, una jovencita de quince años que despierta a una sensualidad largamente reprimida. El objeto de su atención, sin embargo, desquicia de golpe todo el espacio circundante, no sólo creando un caos, sino incluso una soledad más profunda tapizada de tragedia.
Justina huye de lo que no comprende y escapa incluso de la protección que da la prudencia. Y es que la ciudad es más oscura y angustiante cuando se pierde de la cordura. Errante por barrios herrumbrosos Justina no encuentra ninguna mano o mirada amiga, sólo aquello que no busca: más violencia y desconcierto sexual.
Olvida que la policía puede ser más de temer en nuestro país que la propia delincuencia. La fuerza de gravedad es implacable, pero del suelo no se pasa. Un oficial de policía corrupto y homicida, pero siempre culposo, acabará tomando el papel de príncipe azul para librar a la otrora doncella. El flechazo es instantáneo. Inflándose así por siempre una esfera amorosa en un jardín de espinas.