PARÍS, Francia, mayo 14, 2006.- A finales de la década de 1930 se gestó el que acabaría siendo el Festival de Cannes, el certamen cinematográfico más famoso del mundo, aunque lo que es menos conocido es que estuvo a punto de asentarse en Biarritz.
Su origen deriva del decano de los festivales internacionales de cine, el de Venecia (Italia), que desde su fundación en 1932 fue adquiriendo un cariz progresivamente filofascista, acorde con la situación política de la época.
Finalmente, en 1938, un grupo de cineastas franceses, secundados por colegas británicos y estadounidenses, creyeron llegado el momento de dar la espalda al certamen italiano y crear en Francia otro ajeno a cualquier tipo de politización.
La idea, que contaba entre sus adalides nada menos que con uno de los inventores del cine, Louis Lumiére, tuvo gran acogida y rápidamente dos ciudades se disputaron la sede del certamen: Biarritz, localidad vasco-francesa de la costa atlántica, y Cannes, ciudad de la Costa Azul mediterránea.
Ya sabemos cuál fue la que se llevó el gato al agua, por "su soleado clima y su entorno encantador", según el dictamen oficial, aunque parece ser que también pesó lo suyo la promesa de las autoridades locales de edificar un palacio para dar el debido rango al certamen.
El festival, cuya primera edición prevista iba a presidir Lumiére en 1939, no pudo empezar peor, pues fue cancelado a causa del estallido de la II Guerra Mundial.
Un año después de acabado el conflicto, el certamen pudo por fin celebrarse y ya en aquel 1946 dio la pauta de lo que siempre lo ha caracterizado: mezcla de arte y gran espectáculo en las pantallas y sobre todo, cineastas de primer orden: Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Roberto Rossellini, David Lean, Emilio "Indio" Fernández y Walt Disney, entre otros muchos y sólo en esa edición inaugural.
Desde entonces, una amplia muestra del mejor cine de los últimos seis decenios ha desfilado por la pequeña localidad costera francesa año tras año, con excepción de tres: 1948 y 1950, cuando impidió su celebración la falta de presupuesto, y 1968, en el que el obstáculo fueron las históricas huelgas y protestas estudiantiles comenzadas en mayo.
El Festival mantiene y acrecienta su prestigio desde el año 2000 sobre una estructura triangular, presidida por Gilles Jacob, quien durante décadas fue su delegado general y el principal hacedor de esta mezcla única de "glamour", arte y mercado que es hoy Cannes.
Desde entonces, las decisiones importantes se toman de manera colegiada entre Jacob, el director artístico, Thierry Frémaux, y la directora administrativa, según explicó el segundo de ellos.
El responsable de la selección oficial de películas desde hace seis años resumió el espíritu que domina el equipo directivo: mantener "la talla humana" del festival.
Es cierto que "es más grande que antes", pero el funcionamiento, globalmente, "es el mismo", explicó Frémaux.
"Lo más difícil, resaltó, es saber controlar ese desarrollo, al mismo tiempo que seguir siendo, como nos dicen, el festival más grande del mundo, sin perder la dimensión artística y humana".
Para ello, sin contar con los dos festivales paralelos, la Semana de la Crítica y la Quincena de los Realizadores, cuyas dimensiones son también estrictamente medidas, el certamen oficial presenta "cincuenta o 55 filmes en total".
No más, "porque quiere continuar pudiendo recibir a sus invitados en condiciones normales, humanas", resaltó Frémaux.
"Es algo muy particular, la gente quiere que evolucione y que se quede como era antes. Es como un patrimonio colectivo, como un tesoro sagrado que hay que mantener intacto para que la gente sea feliz en Cannes", añadió.
"Al mismo tiempo, porque el mundo cambia, porque el cine cambió, hay que cambiar el festival, pero poco a poco", aunque "no se puede considerar que haya cambios. Hay evoluciones", puntualizó.
Así, concluyó, "se percibe una "evolución en el plano geográfico y en el plano artístico", prueba de que "nada está nunca escrito, fijo, y que todo se puede cambiar".
La tarea se completa con un creciente impulso a los jóvenes talentos, mediante la sección oficial Una Cierta Mirada, la Cinefondation o el Taller; un esfuerzo notable para mostrar más y mejor la creación clásica, y también la que siete países invitados quieran enseñar cada año en la nueva sección Todos los Cines del Mundo.