CIUDAD DE MÉXICO, México, dic. 8, 2006.- Todavía recuerdo aquellos días en que parecía que todo mundo sería el nuevo James Bond. En realidad no todo el mundo pero sí al menos 200 actores que fueron los que el productor de
Casino Royal, Michael G. Wilson, vio como posibles 007.
La lista incluyó a Julian McMahon, Hrithik Roshan, Dominic West, Gerard Butler, Goran Visnjic, Sam Worthington, Alex O’Loughlin, Rupert Friend y Henry Cavill, quien por algún momento tuvo el papel pero al final fue considerado demasiado joven.
De pronto hubo humo blanco: Daniel Craig se convertía en el sexto Bond de la historia y de inmediato surgieron las dudas: ¿un Bond rubio?, ¿superará a Pierce Brosnan?. Incluso un grupo de fans “prometió” boicotear la cinta si Craig era ratificado como el nuevo 007.
Al final la producción le echó coraje, Craig se quedó con el papel, y no sólo eso, se anunció que participaría en la siguiente cinta: Bond 22, programada para 2008.
Hoy podemos decir que no se equivocaron, Casino Royal trae a un Bond sí más rudo, sí más violento, pero también un Bond acorde a lo que la historia narra: el ascenso de James a 007 y sus primeros momentos como tal, el proceso en que dejó de ser un gatillero para unirse al cuerpo de élite. Este proceso tenía que ser violento y Craig encarna si no perfecto sí algo muy cercano a ese Bond.
No fue fácil, todo le pasó a Craig: se le cayeron dos dientes, fue criticado por no saber manejar coches estándar, prefiere la cerveza en lugar del clásico Martini seco, engordó por comer donas en exceso, que lo remedió dejando de fumar para ponerse en forma con horas extras en el gimnasio.
Casino Royal no deja dudas, trae todo lo que una cinta de James Bond debe traer, violencia y sangre por la parte dura, y mujeres, martinis y autos deportivos por la soft, una combinación clásica pero estrictamente necesaria cuando de Bond se trata.
Señoras y señores asistimos no a una nueva cinta de Bond, asistimos al renacimiento de la saga Bond, que empezaba a dar signos de agotamiento desde hace una década.