¿Por qué ganó 'Babel'?

 
 
 
por: Erick Estrada
Fuente: esmas.com
 

Hay muchas razones para llevarse un Globo de Oro a casa, aquí hay algunas pistas para entender por qué ganaron los que ganaron

 
CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 16, 2007. Anoche, en una muy poco escandalosa ceremonia en el Beverly Hilton, se entregaron los reconocimientos a los mejor del año cinematográfico por parte de la prensa extranjera en Hollywood, conocidos como los Globos de Oro, uno de los premios con más credibilidad en Estados Unidos y, por supuesto, el mundo.

En esa ceremonia y justo para el cierre, Babel, la película dirigida por Alejandro González Iñárritu, fue designada como la mejor del año en el género drama, un reconocimiento merecido por el esfuerzo de tres cintas que González Iñárritu cierra justo con esta.

Estando nominada al lado de cintas de monstruos cinematográficos como Martin Scorsese y Stephen Frears, uno podría preguntarse por qué es que ganó Babel. La respuesta inmediata es “porque se lo merecía”. Babel representa el tercer largometraje de un proyecto muy personal de González Iñárritu, un trabajo que se prolongó a lo largo de tres películas, desde Amores Perros y con el puente de 21 gramos, y que ahora es concretado no sólo con el enorme esfuerzo de producción que implica hacer una cinta en cuatro países y en cinco idiomas. Sin embargo, a nivel cinematográfico está muy por debajo de Los Infiltrados y a nivel de premios se quedó también atrás con respecto a La reina, de Stepen Frears. Así que, en realidad, ganó porque se lo merecía.

Méritos. Los periodistas extranjeros en Hollywood se fijan mucho justo en eso, en quiénes merecen sus votos y sus reconocimientos. Por ello no es de extrañar que ahora el premio Cecil B. de Mille al mérito cinematográfico (el nombre lo dice todo), se le haya dado a Warren Beatty, a quien hace justo 47 años se le designó como la joven promesa y recibió un reconocimiento por ello. Méritos y consecuencia. Esos serían los factores para entender las premiaciones de los Globos de Oro (con su consabida dosis de promoción entre colegas y agentes).

Así, es más que meritorio el regreso de un grande como Martin Scorsese, que se llevó el Globo de Oro como el Mejor Director, un reconocimiento que no le deben precisamente los periodistas extranjeros (más en deuda con él está la Academia que entrega los Oscar). Scorsese ha sido uno de los grandes impulsores del cine posmoderno centrado en su propio tema, la mafia. Ahora, con Los Infiltrados, Scorsese se reinventa a sí mismo, asimilando las influencias del cine oriental (su película es una adaptación de Infernal Affairs de Wai Keung Lau y Siu Fai Mak) y no refritéandolas, como se ha hecho con el cine de horror. Si alguien merecía el Globo de Oro al mejor director era él.

El asunto con la Mejor Película en Lengua Extranjera es similar. Clint Eastwood, director de Cartas desde Iwo Jima (hablada en japonés) completó con su cinta un díptico bélico que explora las incongruencias de las guerras, que se sumerge de manera abrumadora en la naturaleza humana y que, sobre todo, destaca sus enormes cualidades como director, autor de obras crudas y descarnadas, que al final dejan un mensaje profundo y denso, comenzada a su vez con La conquista del honor, la visión norteamericana sobre la famosa batalla de Iwo Jima, que representó el comienzo del final de la guerra en el Pacífico.

Eastwood es otro director comprometido con el lenguaje cinematográfico, mismo que ha ejercitado y pulido con cintas como Los imperdonables (reconocida también con varios Oscar) y Golpes del destino, en donde la ambivalente y siempre tambaleante naturaleza humana es en realidad la protagonista.

Si bien Babel se quedó con las ganas de llevarse el reconocimiento a sus otras seis nominaciones, la repartición de los Globos de Oro demuestra de nuevo que los méritos son los que mandan. Por ejemplo, Helen Mirren, designada dos veces anoche como Mejor Actriz (una en cine género drama y otra por televisión, igualmente en género drama), es una artista de amplia carrera, con mucho historial, pero carente del reconocimiento masivo que hoy, después de sus dos Globos de Oro, seguro obtendrá. Queda además el dato curioso de sus premios, uno por interpretar a Elizabeth I de Inglaterra y el otro por darle vida a Elizabeth II de Inglaterra (en La reina), ambas en el mismo año.

Jennifer Hudson fue sin duda la encarnación de los parámetros de votación para los Globos de Oro. Campeona sin corona en el reality show American Idol, actriz de soporte detrás de personas de la talla de Beyoncé Knowles, Jamie Foxx y Eddie Murphy, dirigida por un monstruo del musical del tamaño de Bill Condon (él adaptó otra multipremiada, Chicago, al cine), Hudson representa a la chica que viene de menos a más, se roba la película y se hace de un nombre con el que tampoco contaba; por ello, sólo faltaba rematar con el Globo de Oro, el tercero que le daban a Soñadoras, la película en la que actúa y canta.

Extraña sin embargo, que Eddie Murphy se haya llevado el reconocimiento por Soñadoras, arrebatándoselo a Jack Nicholson, no solamente un consentido de los Globos de Oro, sino un actor que se convierte en el eje de una cinta del tamaño de Los Infiltrados. Recordemos que su personaje en la película de Scorsese es el único que no existe en Infernal Affairs y que fue escrito justo para Nicholson. Sin embargo, Murphy es sin duda de lo mejor que tiene Soñadoras, sale de su estereotipo (como ahora lo hace Will Smith en En busca de la felicidad) y realiza un estupendo trabajo en la película.

Forest Whitaker era, a propósito y a pesar de todo, la elección natural. La doble nominación de DiCaprio, una por una cinta mediana como Diamante de sangre, la otra por un clásico instantáneo como Los Infiltrados, prácticamente lo anulaba como ganador, el reconocimiento estaba dado ya. Will Smith era el otro contendiente, de menor estatura si lo comparamos con los trabajo en drama que Whitaker ha acumulado (Bird, Ghost Dog, el camino del samurai, Juego de lágrimas, Pelotón, Smoke) y con el poder que, dada su juventud Smith sigue trabajando en comunicar. Peter O’Toole era, claro, el enemigo mayor, pero sin duda, haber participado en una cinta con referencias históricas tan cercanas y poderosas como El último rey de Escocia, dirigido además por un documentalista de la talla de Kevin Macdonald, le dieron a Whitaker lo que se merecía, uno de los Globos de Oro más emotivos de la noche.

Sacha Baron Cohen y su Borat eran casi un premio anunciado. La cinta tiene en sí pocos méritos cinematográficos y se soporta exclusivamente en la capacidad de improvisación de Cohen, quien en un estupendo ejercicio sociológico, antropológico y dramático, desentraña lo peor de la sociedad estadounidense (recalcado además por él mismo al recibir el premio), a través de una estupenda comedia llena de ironía e incorrección política. Nada tenían que hacer Johnny Depp y su gran Capitán Jack Sparrow en la infame Piratas del Caribe, el cofre de la muerte, Aaron Eckhart por Gracias por fumar, Chiwetel Ejiofor por Kinky Boots o el sobrevaluado Will Ferrell en Más extraño que la ficción.

La gran consentida anoche fue Meryl Streep, quizás el único Globo de Oro que estaba ya otorgado desde la nominación. Cuando alguien es capaz de darle dignidad a una cinta que está escrita de manera tan superficial, de otorgarle inteligencia a un personaje tan frívolo y desencantado, de levantar una comedia tan insulsa y poco correcta como El Diablo viste a la Moda, merece no sólo la revisión de la película, sino un Globo de oro a Streep, que es capaz de pasar de un género al otro, como si se tratara simplemente de nadar en albercas diferentes.

Mérito. Si algo se hizo anoche con la entrega de los Globos de Oro, fue darle reconocimiento a quien se lo merece.

 
 
 
González Iñárritu y Rodrigo Prieto trabajando en 'Babel'.
González Iñárritu y Rodrigo Prieto trabajando en 'Babel'.
Foto: Sitio Oficial
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