'La conquista del honor', Eastwood regresa

 
 
 
por: Erick Estrada
Fuente: esmas.com
 

'La conquista del honor' es un gran retrato de la figura del héroe desde el punto de vista de un anti héroe, Clint Eastwood

 
CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 26, 2007.- La premisa de La conquista del honor es muy sencilla. A partir de una de las fotografías más famosas de la Segunda Guerra Mundial, aquella que demostraba el triunfo de Estados Unidos sobre Japón en la Batalla de Iwo Jima, que a su vez fue el comienzo del fin de la guerra en el Pacífico, Clint Eastwood desarma dos mitos, el de la foto en sí y el del héroe americano en general.

En esta mitad del díptico cinematográfico que cierra después con Cartas desde Iwo Jima, Eastwood hace una exploración absoluta de la figura del héroe y alrededor de ella, armar un discurso pacifista y de tolerancia que gracias a que no es evidente ni escandaloso, cala aún más profundo.

Rescatando la figura de los chicos en la foto, del oropel que adornó sus vidas a partir de la famosa foto, de la fama que se les construyó prácticamente en favor de la guerra (su imagen es utilizada para promover bonos de guerra), de la frivolidad que acabó deslavando su paso por las trincheras y los combates del Pacífico, el sufrimiento en la pelea y la pérdida de amigos, Eastwood contrapone esos sentimientos con la dureza del combate, con la sangre derramada y, lo más impactante, con la figura de quienes dirigen la guerra pero ni siquiera se ensucian las manos.

Los soldados de Eastwood tienen todos diferentes orígenes y eso arma un crisol interesante en la película. La figura del héroe que les quieren imponer para bien del dinero en pro del combate les incomoda de distinta forma. A uno le dibuja un falso futuro, lleno de perspectivas equivocadas (de hecho, los ex combatientes, muchos condecorados, de la Segunda Guerra se fueron olvidados por la misma sociedad que los llevó al combate). Uno más siente cómo todo es un gran mercado de votos y favores políticos, se deja inundar por la desilusión y cambia el punto de vista de su propia imagen.

El último soldado es quizá el que mejor refleje el sentimiento y la ambigüedad del héroe. Sacado de la nada, un combatiente de origen indio se convierte en el carismático héroe de la foto, es llevado a primer plano, utilizado para conseguir dinero para que la guerra que él no inició continúe, una guerra en la que él ha perdido amigos y colegas y que gustosamente seguiría peleando, ya no por honor o por amor a su patria, sino para que esa misma guerra termine. Ese soldado es al poco tiempo relegado e incluso humillado por el racismo de la misma nación que lo llevó a combate y el vacío aparece de manera irremediable.

Con esa contradicción, con el contrapunto de la abundancia en la mesa de quienes dirigen la guerra frente a las carencias de quienes sudan cada minuto de ella Clint Eastwood deja claro que su cinta va contra cualquier tipo de combate, contra la falsa creación de héroes a través de los medios, con la falsa corrección política en su país y, sobre todo, contra la visión que los Estados Unidos tienen del planeta: centralizada y poco global.

Curioso que esto llegue desde la mente sí, de uno de los mejores directores en Hollywood, pero de alguien que a su vez interpretó a uno de los anti héroes por excelencia: Harry “El Sucio”.

Por si fuera poco, técnicamente, La conquista del honor es técnicamente impecable. No podía esperarse menos de una producción de otro grande, Steven Spielberg.

 
 
 
Esta es la primera parte del díptico cinematográfico de Eastwood.
Esta es la primera parte del díptico cinematográfico de Eastwood.
Foto: Sitio Oficial
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