CIUDAD DE MÉXICO, México, feb. 23, 2007. Muchos son los mexicanos nominados al
Oscar este año y muchos son los que tienen probabilidades reales de ganar e independientemente de si las cintas en las que trabajan son mexicanas o no, el hecho de que su nombre esté en boca de todos puede acarrear enorme beneficios a la industria del cine en México.
Si uno o varios de los mexicanos nominados se lleva la estatuilla, los ojos de productores, inversores, cineastas y artistas voltearán a este país en busca de más talentos (que existen) y de historias.
La apuesta mexicana al Oscar va más allá de que la película de uno u otro director sea considerada la mejor del año, pues el hecho de colocar el nombre de actores, productores o fotógrafos en las pantallas del mundo movilizará necesariamente a la industria e impulsará leyes que finalmente desatasquen los procesos de producción cinematográfica.
Es gratificante que nombres como el de Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu estén impulsando (por el hecho de firmar sus cintas) a otros nombres y talentos, como el de Adriana Barraza, Emmanuel Lubezki (quizá el mejor colocado en la industria mundial, aunque mucha gente en México olvide su nombre), Guillermo Arriaga y Guillermo Navarro. Ello les conseguirá más proyectos y eso terminará por beneficiar al cine mexicano.
Sin un punto de vista chauvinista, el hecho de que uno de todos estos mexicanos se lleve un reconocimiento como el Oscar significa mucho. Las ideas, los sentimientos y los sueños de alguien nacido y crecido en esta tierra serán incluidas en las del resto del mundo y el cine mexicano tendrá un espacio más por el cual entrar al concierto del séptimo arte mundial.
Quizá no signifique un Oscar para México, pero sí representará un estupendo impulso a la industria cinematográfica mexicana.