Y la justicia llegó al Oscar

 
 
 
por: Erick Estrada
Fuente: esmas.com
 

Finalmente el Oscar llega a uno de los directores a los que se despreció por décadas: Martin Scorsese

 
CIUDAD DE MÉXICO, México, feb. 26, 2007.- Y el Oscar fue para Martin Scorsese. Sin rencores, sin resentimientos, sin discursos enfocados a la venganza, Martin Scorsese recogió anoche su Oscar por la dirección de Los infiltrados.

La Academia había ignorado toda la carrera de Martin Scorsese, pero anoche y, seguramente, después de múltiples presiones y en un país que a fuerza de sus propios errores ha cambiado mucho desde la década de los setenta, finalmente reconoció no sólo el talento, sino la técnica, la inspiración y la manufactura de uno de los cineastas más puros que Estados Unidos ha engendrado.

Desde el momento en que Francis Ford Coppola, Steven Spielberg y George Lucas aparecieron en el escenario para anunciar a los nominados a Mejor Director la vibra de la ceremonia cambió y, redondeado una entrega sobria y tranquila pero crítica hacia la administración Bush, todos voltearon a ver a quien se convertiría en la cereza del pastel de la fiesta: Martin Scorsese.

El Oscar llegó finalmente a las manos de un director que nunca ha cerrado la boca si de crítica hacia su propio país se trata (y ese era el factor que podría haberle arrebatado el premio), de un artista que ha explorado prácticamente todos los puntos del quehacer cinematográfico y que lo ha hecho, además, con un tino y un arte que hasta ahora no tiene comparación.

Así, con los otros tres monstruos del cine americano anunciando ganador a Martin Scorsese, parece que finalmente esa generación de directores que comenzaron a filmar hace 37 años, que propusieron nuevas películas (casi todas ellas críticas), ha llegado a los controles de una Academia que llevaba años estancada e ignorando voces y propuestas diferentes.

Por otro lado, aunque Clint Eastwood no se llevó el premio a la Mejor Película por Cartas desde Iwo Jima, se veía no sólo contento sino de acuerdo con el hecho de que Los infiltrados se llevara también esa medalla.

El resto de la ceremonia fue, como decía antes tranquilo, pero muy crítico hacia la situación política que viven los Estados Unidos en este momento. El hecho que la presentadora fuera Ellen Degeneres, una abanderada y combatiente por los derechos de las lesbianas y los homosexuales y que, de entrada, se galardonara a La verdad incómoda (también, profundamente crítica hacia la postura de la Casa Blanca con respecto al calentamiento global), además de varios chistes y un par de montajes (uno de ellos elaborado por Giuseppe Tornatore) en los que la imagen de los Estados Unidos (rescatada de sus propias películas) era la de una país conflictivo y belicoso, hizo de la ceremonia algo correctamente político, cierto, pero también marcó distancia con la postura que se había guardado en el pasado.

Podemos decir así que quien ganó anoche, por cursi que suene, fue el cine. Cintas como La vida de los otros, una postura completamente diferente a lo que incluso en México estamos acostumbrados a ver, fueron justamente reconocidas. Artistas como Ennio Morricone encontraron en el premio un nuevo impulso en su carrera (como él mismo lo dijo) y talentos como el de Jennifer Hudson (que seguramente continuará su carrera en el cine) recibieron apoyo.

Se trataba sin duda de una de las entregas menos competidas en los últimos años y aunque eso no resta mérito a los ganadores (especialmente a Scorsese) esperamos que el año entrante la batalla se intensifique, especialmente si el Oscar abre más sus puertas a los talentos de fuera de Estados Unidos. Si se habla de globalización y de integración más allá de las naciones y esa globalización ha alcanzado ya (afortunadamente) al cine (los equipos son cada vez más heterogéneos), es hora que un premio tan popular también acepte ese hecho. Ayer, con el papel que hicieron los mexicanos, incluso con la etupenda victoria indirecta de Guillermo del Toro puede haberse dado un gran comienzo.

 
 
 
Scorsese, con el triunfo en las manos.
Scorsese, con el triunfo en las manos.
Foto: AP
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