PRAGA, República Checa, jul. 17, 2007.- Faltan sólo tres días para el estreno en México de Hostal Parte II, la esperada segunda parte de la aplaudida entrada a las ligas mayores del cineasta Eli Roth, al que el mismísimo Quentin Tarantino ha nombrado como el futuro del horror en el cine.
Lo cierto es que mientras para Hostal el presupuesto fue limitado -apenas unos 4.5 millones de dólares- ahora le abrieron la cartera a Roth y se fue a los famosos Estudios Barrandov de Praga, República Checa, en pleno centro de Europa para rodar una antojadiza secuela.
Hasta allá nos fuimos a conocer el proceso completo de realización de Hostal Parte II, una película de 10 millones de dólares que se notan en el decorado del set, la misma realización y el elenco, que a comparación que su parte inicial ahora incluye actores de cierto renombre -sobretodo en Estados Unidos- como Roger Bart, el inolvidable George de las dos primeras temporadas de Esposas Desesperadas, o su compañero de serie, Richard Burgui, el nefasto y cínico Karl, ex esposo de Susan (Teri Hatcher)
Otra cara conocida es Bijou Phillips, una actriz que pese a su corta edad ya cuenta los 10 años en el mundo del cine, recordada por participaciones en cintas como Bully (2001) -uno de los trabajos sin pena ni gloria de Larry Clark, recordar Kids (1995)- y su destacada presencia en Almost Famous.
Después de ellos tres, Roth recurre a su fórmula con actrices prácticamente desconocidas: Vera Jordanova, una impresionante finlandesa de 1.78 c.m.; Heather Matarazzo, una neoyorkina con muchos trabajos, generalmente de bajo presupuesto y una lista que incluye a la protagonsita Lauren German y una breve participación del mexico-americano Jay Hernandez.
Hostal Parte II no es un trabajo fácil, Roth lo sabe y cuida con escrupulosa disciplina cada detalle de la cinta. No es posible que se le vaya algún detalle, no en este momento, el de su consolidación, la fatídica siguiente cinta luego de un sonado éxito (Hostal recaudó 47 millones de dólares)
Es una producción notablemente más grande, cuyo diseño estuvo a cargo de Robert Wilson King, quien tuvo la titánica labor de contruir escenarios tan diferentes como los interiores de una fábrica, un vagón de tren y lo más impresionante: un complejo subterráneo donde se realizan las torturas, todo aquí mismo, en los Barrandov.
Se trata de una estructura con toques verdaderamente escalofriantes, como, por ejemplo, una silla de tortura con un acceso de ventilación justamente arriba que deja pasar un halo de luz, el sufiente para crear un ambiente aterrador, o una cámara con restos humanos esparcidos y un impresionante catálogo de armas que van desde un desarmador hasta una motosierra, claro, listos para comenzar su trabajo.
Un área importante en este tipo de películas son los efectos visuales, pero de ellos hablaremos en una segunda parte de este reportaje, que presentaremos mañana.