CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 9, 2004.- Pocas veces es tan fácil escribir sobre una artista como
Thalía , porque esta mujer posee una historia personal muy conocida y cercana a su propio público, sin los misterios que ahora se han puesto de moda alrededor de algunos famosos.
No es la imagen sobre el escenario y su hermosa sonrisa lo que definen la continuidad que la mantiene en el mundo de los espectáculos, sino su alegría espontánea lo que la ubica en el deseo de los fans por verla y escucharla, junto a su fuerza por conquistar lo que le falta.
Thalía posee la fortuna de haber iniciado muy joven en la televisión, y de haber interpretado personajes populares en telenovelas que abrieron las primeras puertas para que el mundo se preguntara quién era esa chiquilla delgada y hermosa con ojos de fiesta, que aparecía en historias humildes de personas comunes que terminaban de forma no tan común, pero sí deseada por los más comunes.
Sin embargo, ningún artista puede sostenerse por las historias interpretadas ni por la imagen de los medios, si no hay detrás un ser humano lleno de sueños, alegrías, angustias, depresiones y momentos difíciles por vencer.
Hija de Yolanda –más que una madre, Yolanda es una especie de soldado de caballería dispuesta a cortar la cabeza de quien intente impedir los sueños de su hija- Thalía ha vivido las dificultades de una mujer joven que se impuso en un mundo machista, donde el estereotipo dicta que mujeres bellas nacen sin imaginación, sólo por no reconocer que la inteligencia femenina supera por mucho a la astucia masculina.
Rebasó las oportunidades de la fama de la televisión y se atrevió a cantar, aunque su voz se quedara por debajo de lo que todos esperan de una cantante. Thalía tenía la voz dulce, pero no más. Faltaba en sus interpretaciones precisamente la interpretación, la originalidad, la afinación académica que los músicos saben escuchar y que al público más desconocedor le emociona.
Con los años, Thalía siguió atreviéndose, y pasó de las noticias de espectáculos y de los estrenos de sus telenovelas rosas y sus romances con famosos, a la dedicación plena de una carrera para la que se nace y se hace, a la que pueden sumarse el aprendizaje y la disciplina para crecer sin límites.
Thalía es hoy, sin dudas, una estrella internacional. Los más escépticos quieren colgarle el crecimiento artístico a Tommy, el magnate que la ama. Los que miramos más allá de los rumores, podemos creer que Thalía es parte del desarrollo de alguien que trabaja y se educa, porque encontró en su profesión la pasión de expresarse, ensayando, recibiendo clases de canto, levantándose cada día en un hotel distinto para abordar el siguiente avión y firmar autógrafos en Asia o en Europa, donde la oportunidad fuera concedida.
No existe un cirujano exitoso en el mundo que haya hecho operaciones exitosas en el quirófano por vocación. Tuvo que pasar por un proceso de aprendizaje con los que saben para que sus pacientes no perdieran la vida confiando que la salvarían en sus manos.
Lo mismo ocurre con los artistas: nacen con ese corazón sensible, pero no siempre con toda la calidad porque la vocación no necesariamente trae consigo el virtuosismo.
A Thalía puede apreciársele el no haberse quedado en la lista de la mayoría de las actrices que pasan por la televisión, que son felices con lo que hacen y no hacen más por ser más que felices con la fama.
A esta mujer con la edad de la resurrección se le admira la fuerza para cambiar, autolanzarse, presentarse de nuevo y volver a aparecer distinta, sin miedos, probando más de lo que suelen probar los que ya tienen probado el éxito.
Ella ha buscado más allá. Hoy canta mejor (sin sorprender por su calidad vocal), interpreta canciones en inglés, compone, es más bella, tiene más dominio del escenario, se viste como nunca antes, quitó el exceso de maquillaje y tiene el cabello más natural. Se parece más a su nombre, a su marca.
La Thalía del 2004 se parece más a Thalía , es más artista y se parte en dos para ser empresaria, lanzar una línea de ropa y una revista, mostrarse joven y amante de un hombre al que algunos dicen ella le saca el jugo, cuando los que la conocemos sabemos que Tommy debe estar feliz todas las mañanas cuando despierta, porque la vida le puso en el camino a una mujer joven y hermosa que se hizo sin él para traerle ahora las mieles de un diamante latino que con su experiencia seguramente hará cotizar mejor en el mercado de las joyas.
Thalía sabe que tiene mucho que dar, y trabaja para encontrar más de lo descubierto y su ambición artística de no conformarse con lo que consigue, la llevará a un camino de nuevas sorpresas.
Hay aceptar que aunque Thalía formó parte de una generación de artistas llamados “de plástico” y falsos, es hoy una figura latina superior a lo que ella misma fue, porque tiene el talento de expresar emociones como las grandes que dejaron en el público el sabor de una estrella, hasta después de la vida.
Thalía es el resultado de la evolución artística que se logra trabajando para superar al artista que se ha sido con el único propósito de ser un artista más completo.
Cuando eso sucede, el público aplaude. Y con Thalía , siempre suenan los aplausos.
Alexis Núñez Oliva es Productor Ejecutivo de Televisión.
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