El regreso de Celia Cruz

 
 
por: Alexis Nuñez Oliva
Fuente: La Oreja
 

El comentario de Alexis Nuñez Oliva, productor de 'La Oreja'

 
CIUDAD DE MÉXICO, México, jun., 2004.- En este 2004 se cumplirá un año de la desaparición física de Celia Cruz, y para suerte de muchos, se niega su voz a irse de la radio y la televisión. La única ausencia que podemos reclamarle es que no aparecerá más sobre un escenario.

Muy pocas veces en la historia de la música un artista puede seguirle arrebatando los mejores premios a quienes hacen promociones y dan entrevistas, desde la paz que significa no pertenecer al mundo de los vivos. ‘La Guarachera de Cuba’, sin una agenda de fechas y compromisos, vuelve a ganar.

Hizo y cantó tanto, bailó haciendo bailar y transmitió tanta alegría, que la calidad de esta cantante permanece intacta en la memoria de los jurados que deciden quién se lleva los premios en cada nuevo certamen, y hablan de ella casi como si estuviera a punto de contestar con sorpresa ante la noticia de que nuevamente ganó.

Lo sucedido en estos Premios Billboard de la Música Latina 2004, donde doña Celia arrasó con el Top Álbum Latino, Artista del año, además del Álbum Tropical del Año Femenino y Álbum Grandes Éxitos Latinos del Año, es un ejemplo extraordinario de lo que significa permanecer sin estar, seguir sin volver.

La fuerza inigualable de su voz, la simpatía de sus pelucas y movimientos en cada concierto y el carisma de artista internacional, la han convertido en la cantante más premiada de la música latina después de su muerte.

Tuvo además la suerte de gozar en vida un gran número de premios y reconocimientos, que decenas de artistas, después de más de 50 años de carrera, no podrán ver en vida.

Aunque la calidad y originalidad de Celia Cruz es única, no podemos saber en realidad cuánto ha influido en cada premiación su potencial humano y su valor personal, porque se elevó ella a una estatura completa, a un ejemplo de admiración que transita desde la esposa y buena amiga, hasta la artista que es.

Y es. Celia sigue siendo para ser más, aunque algunas notas de prensa el día que murió dijeran que dejó de existir, cometiendo el error de escribir sobre ella como si fuera alguien de la vida cotidiana.

Ahora no sólo vive en Nueva York, sino que habita lo mismo en la Ciudad de México, que en Madrid o Pekín. Asiste al concierto de Oscar de León y a las cenas de los mejores músicos del mundo, y es tema de conversación cuando hay que hablar de cómo algunos artistas han perdido esa entrega y sencillez frente al público que los ama.

La guarachera de Cuba desbanca a quienes compiten con ella, y se ha convertido en una angustia estar nominado en las categorías donde aparece su nombre, porque Celia nos ha hecho la mejor travesura: decir que se fue, para regresar en grande a cada evento, levantando un nuevo premio, con la risa escandalosa hasta donde la alegría lo permite, para descansar luego, esperando una nueva premiación.

Pedro, su amor eterno, aparece en las alfombras rojas y en los teatros recibiendo los trofeos, sonriendo, y casi alcanzamos a verla a ella tomándolo del brazo. Se ve tan alegre cuando asiste en su nombre, que podemos tener la ilusión de imaginarlo más tarde poniendo en las manos de ella lo que ganó esa noche.

La frase de una de las canciones que interpreta la reina de la música latina en su último disco Regalo del alma ha sido, más que una frase, una advertencia: Esa negrita no pasa de moda... porque Celia nunca fue moda. Siempre ha sido historia.

Ahora es leyenda.

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Celia falleció el 16 julio de 2003 .
Celia falleció el 16 julio de 2003 .
Foto: The Grosby Group
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