CIUDAD DE MÉXICO, México, ago. 15, 2004.- Apasionado y entregado a su familia, creyente en Dios y amante de la literatura y la poesía, se descubre el actor mexicano César Bono, quien es un ícono de la comicidad en este país.
Bono guarda bellos recuerdos de su infancia. "Era preciosa porque teníamos una enorme casa de campo por la que pasaba un río, situada junto a la Hacienda de Chinconcuac, Morelos, y ese contacto con la naturaleza me enseñó a apreciar y a disfrutar la libertad que te da por sí sola la vida", comenta.
Llegada su adolescencia, enfrentó el divorcio de sus progenitores, lo que lo hizo rebelde y dejó la escuela. Comenzó a trabajar al lado de diversos artistas como representante y se involucró en el negocio discográfico.
"Considero que no fue tiempo perdido porque aprendí mucho, pero todo terminó cuando hice un análisis de mi vida, y me di cuenta de que lo que quería era ser director de cine", y añade que esta decisión lo alejó temporalmente de su padre, quien deseaba que continuara con el negocio familiar.
Primero, estudió actuación y jamás consiguió que Inglaterra lo becara para estudiar un posgrado en dirección, por lo que comenzó a trabajar como actor. "Eso pasó hace 37 años y heme aquí trabajando en lo mismo, y con la convicción de que he hecho todo lo que debía hacer".
UN REGALO DE LA VIDA: SUS HIJOS
Tiene cuatro hijos; dos de su primer matrimonio, María Rosa y María del Sol; y del segundo, César Patricio y Leonardo Patricio.
"He visto parir a mis dos esposas y es lo más maravilloso que me ha sucedido en la vida, pues es un verdadero milagro que Dios nos regala. Por ello, amo intensamente a mis pequeños y trato de enseñarles las cosas hermosas que hay en este mundo", dice emocionado.
Lo único que César Bono desea es que sus hijos se sientan orgullosos del padre que tienen, tanto como él se enorgullece de sus padres.
"Mi madre quedó huérfana a los 15 años, y a partir de entonces se hizo cargo de su hermano menor de nueve, en el tiempo en el que sucedía la masacre mundial durante la Segunda Guerra Mundial", explica.
Asegura que esas experiencias hicieron de ella una mujer sabia y amante de la vida, que "me enseñó a disfrutar del mar y la naturaleza, pero en lo que más énfasis puso fue en transmitirme su amor por el ser humano".
Tomado de la mano de su mujer, César dice "amo como un loco a mi familia, y por mis amores yo soy capaz de dar la vida, porque son todo lo que tengo y todo lo que quiero tener".
En cuestión de virtudes, el actor prefirió que su esposa Patricia Castro lo describiera. "Es un hombre sumamente noble y culto, y eso es algo sorprendente porque puede hablar de cualquier cosa sin temor a equivocarse, además siempre se sacrifica por los demás, sin esperar algo a cambio; es apasionado y entregado".
Los defectos "son muchos" -señala- entre ellos están que "soy irritable, pierdo la cordura fácilmente porque soy muy explosivo, me cuesta mucho trabajo comunicarme y soy poco tolerante".