CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 22, 2005.- Volver a interpretar a "El Chavo" o a el Chapulin Colorado a sus 76 años de edad sería "un ridículo"; al menos eso piensa Roberto Gómez Bolaños, quien asegura que los únicos trajes que se volverías a poner, si así se lo pidieran, serían los de "El Chompiras" o de “Chaparrón Bonaparte”.
El actor y comediante estuvo de visita en el foro de 1 Noticias, en donde presentó su libro El diario del Chavo y conversó con Carlos Loret de Mola:
Don Roberto, ¿qué siente cuando ve la gorra de El Chavo?
Me emociono mucho. Yo vengo muchas veces a Televisa, pero hoy, en el momento de entrar acá, me di cuenta de que esta es mi esencia, mi casa, que representó la transformación total de mi vida. La gente me reconoce por la calle o me toma como inspiración y es increíble… ¡Por ejemplo, lo del "Chamagol" es maravilloso!
¿Extraña a "El Chavo", ponerse la gorra, los tirantes, el pantalón roto y la camisa roída? ¿Extraña meterse al barril?
Ja, ja, ojalá pudiera meterme al barril, ahora me cuesta mucho trabajo. Pero sí, a todos mis personajes, a mis compañeros y a la empresa les guardo una nostalgia preciosa. La empresa y yo hemos mantenido una posición simbiótica: yo he significado dinero para la compañía y a mí me ha significado un escaparate en muchos lugares del mundo, eso es muy bonito.
¿Qué es lo más bonito que le ha pasado con El Chavo?
Una anécdota muy tierna en Colombia: en un pueblo muy chiquito, que habían cambiado de lugar para poner una presa, llegaron un grupo de niños que vendían cositas al camión en donde íbamos. Se acercaron a las ventanillas a vendernos cositas de madera y uno de ellos llegó conmigo y traía un “Chavo” de madera colgado, como un dije. Cuando se dieron cuenta de que éramos nosotros, nos regalaron todas las cosas de madera que traían.
“Eso fue muy bonito, y es que no sabes cuántas cosas me regala la gente. Se han subido al escenario a darme tortas de jamón, baleros, zapatos; en los taxis a veces no nos cobran, en los restaurantes tampoco. Hay muchas muestras de cariño y eso no se paga con nada”.
¿Qué siente al caminar por los pasillos de Televisa?
Me acuerdo de todo el trayecto, de los pisos con firmas de personas importantes. Yo ni siquiera me imaginaba que un día podría estar ahí. Pero era mucha emoción, la sociedad era otra, no era peligroso como ahora, entonces entraba quien quisiera, la verdad es que todo era muy emocionante.
¿Usted ve sus programas cuando está viendo la tele?
No de una manera regular, sólo cuando me los encuentro. Pero me llaman más la atención, por ejemplo, los de El Chapulín Colorado, por los efectos que lográbamos cuando no había la tecnología de ahora. Una vez tardamos ocho horas en grabar medio minuto de programa.
¿Cómo fue la decisión de ya no hacer más "Chavo del Ocho"?
La edad y el tiempo. Yo nunca pretendí que la gente pensara que yo era un niño, sino que aceptara que yo era un adulto representando a un niño. Eso se logró, pero yo tenía que pedir que cada vez me alejaran más la cámara, que me hicieran menos acercamientos por las arrugas. Pero también pensé en la saturación.
Pero, ¿cuál saturación? Siguen programándolo y tiene muchísimo rating…
Claro, y jamás me lo imaginé, porque he conocido muchos casos, sobre todo de comediantes, en que uno dice “¿por qué no se retiró antes?”.
¿Y le costó trabajo tomar la decisión?<
No, porque tenía mucha confianza en mí mismo y tuve una circunstancia que me la confirmó: mi obra de teatro 11 y 12. La gente pensaba que si no hacía El Chavo, no podría hacer otra cosa, y puse una obra que implantó un récord que difícilmente se va a poder romper, ¡siete años en temporada de estreno!
Y ¿se le antoja a veces volver a hacerlo?
El Chavo no, y al “Chapulín” lo dejé por facultades físicas, ya no podría hacer las mismas cosas que antes y entonces ya no sería El Chapulín. Al “Chompiras” por ejemplo, a ese sí, porque Florinda, Edgar Vivar y Rubén Aguirre ahí están, y yo me la pasaba sensacional con ellos.
¿Qué fue de El Chavo?
Lo dejé de hacer en 1992 o 1993 y me he puesto a pensar qué habría sido de él. Creo que sería feliz a pesar de todo lo que le faltaba, como lo demostraba en el programa, que aunque careciera de desayuno, de juguetes o de ropa, cualquier detallito lo hacía brincotear de placer y era feliz y optimista. Creo que hoy seguiría siendo optimista con muy pocos recursos.
“Al ‘Botija’ y al ‘Chompiras’, por ejemplo, un día los retiré de robar y pasaron más tiempo como ex delincuentes que en aquel ‘trabajo’. Ellos no volvieron a robar porque vieron un programa de El Chavo en donde lo acusaban de ladrón sin serlo, y la Chimoltrufia, muerta de dolor les decía: ‘miren lo que puede pasar cuando hacen algo como lo que hacen ustedes’, entonces nunca volvieron a robar”.
¿Qué traía el Doctor Chapatín en su bolsita?
} Un día lo dije: traía el rencor y los malos deseos, para que no se le salieran nunca. La intención era positiva. Él quería poner un hospital, pero con una condición: sólo admitir a gente sana, coloradota.
¿Cómo está Roberto Gómez Bolaños?
De salud, regular, porque tengo 76 años. Yo sé que me veo de menos por el pelo, que jamás me lo he pintado. En mi autobiografía, que saldrá pronto, añadí un capítulo en donde hablo de lo que nos preguntan a todos los actores: nuestro mayor éxito y nuestro mayor fracaso. Yo digo que mi mayor éxito fue dejar de fumar hace diez años, y mi mayor fracaso fue cuando empecé a fumar, como a los 21 años de edad. Es un vicio que yo no recomiendo, es más adictivo que la mayoría.
“Hoy día hago ejercicio, caminata y me ha servido, he bajado un poco de peso. Y de ánimo, siento que tengo la misma capacidad para escribir que tenía entonces, y para actuar también, pero claro, adecuado al aspecto”.
Y ¿si un día nos sorprende y lo vuelve a hacer aunque sea una última vez?
Sí lo haría. Un “Chompiras” lo haría encantado. Los otros no porque sería un ridículo. Como ya se murieron puedo hablar mal de algunos de los grandes: Chaplin y Cantinflas; Cantinflas en su primera época era extraordinario, fue mi fascinación, pero la última no, porque trataba de ser el mismo de 30 años antes y no se puede.
“Chaplin, por más que digan que algunas de sus películas habladas eran buenas, a mi me parecían fatales. El Chaplin de antes era el sensacional. Hay que saber retirarse a tiempo. Creo que yo lo hice bien y no me arrepiento”.