CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 24, 2006.- La suerte de las feas a las bonitas, no siempre las tiene sin cuidado.
En el espectáculo nacional e internacional hay muchos y muy buenos ejemplos de actrices que tuvieron que olvidar su rostro angelical o su cuerpo perfecto para conseguir un papel que les valiera el apoyo de la crítica y el reconocimiento a su talento.
En su ascenso en Hollywood Salma Hayek ha hecho de todo, desde el estereotipo de latina sexy en cintas como Estudio 54, hasta una de las escenas más sensuales en un micro atuendo y con una víbora como estola en Del crepúsculo al amanecer pero fue cuando que encarnó a la trágica pintora Frida Kahlo, con sus cejas unidas, un tenue bigote en su rostro y la silla de ruedas a la que estaba condenada, que consiguió la primera nominación al Oscar como Mejor Actriz para una mexicana.
Y qué decir de Charlize Theron en Monster, donde fue una asesina serial. Nicole Kidman en Las horas, dando vida a la escritora Virginia Wolf. Hilary Swank con su doble triunfo, el de una chica con problemas de identidad sexual en Los chicos no lloran, y una boxeadora en Golpes del destino. Reneé Zellweger con 20 kilos arriba de su peso para hacer El diario de Bridget Jones o Halle Berry recluida en un manicomio en Gótika, todas sacrificaron su belleza, pero se alzaron con premios y sobretodo, lograron prestigio.
Inolvidables también resultan Mariana Garza en el protagónico que la proyectó internacionalmente: Alcanzar una estrella, antecedente directo de Yo soy Betty, la fea. Victoria Ruffo en Pobre niña rica. Tiaré Scanda con nariz enorme y dientes chuecos en Amarte es mi pecado o Michelle Vieth con brackets, barritos y lentes en Soñadoras, t odas demostrando que no se precisa lucir como modelo para lograr un gran personaje.