Luego de abandonar la clínica Promises el pasado viernes, la actriz de Hollywood acude al Beverly Hills Salon de Los Ángeles para mantener su imagen
CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 19, 2007.- Nada como reinventarte una vez que superas una prueba difícil, tal razonamiento fue aplicado por Lindsay Lohan, quien después de abandonar el centro de rehabilitación, se puntó para ser consentida en un salón de belleza.
La actriz acudió al Beverly Hills Salon de Los Ángeles (localizado en el Centro Two Rodeo Drive y que es propiedad de Jose Eber), para dejar atrás las seis semanas que pasó en Malibú para vencer sus adicciones, vestida en pantalones negros de yoga y un hoodie color gris metálico, la chica aprovechó para mirar su rostro varias veces en los espejos del lugar antes de entrar.
Según información publicada en los medios de comunicación, luego de abandonar el viernes la clínica Promises, la también cantante se fue de fiesta, el sábado, al Pure Nightclub de Las Vegas con varios amigos.
Sin embargo, para asegurar que se mantendrá sobria, Lohan (comunicó Leslie Sloane Zelnik, su publicista) utiliza un detector de alcohol en el tobillo; su tratamiento fuera de la institución continúa con reuniones de Alcohólicos Anónimos, realizarse pruebas de sobriedad a diario y recibir terapia.