Don Ernesto Alonso, el Señor Telenovela, dejó de existir hoy y con él se va buena parte de la historia de la televisión mexicana. Será difícil encontrar a otro grande de las telenovelas, el género televisivo más popular en un país donde además la televisión siempre ha jugado un papel fundamental en su desarrollo, para bien o para mal.
Más allá de sentimentalismos entendibles por lo que provoca siempre la pérdida de alguien tan conocido entre el medio y entre la gente, que llegó a sentir a este hombre como uno de los suyos, habría que decir que la partida de Alonso parece la partida de otra pieza clave del México contemporáneo, ese México que se va terminando.
Poco a poco el país que conocimos cuando éramos niños, el de Siempre en Domingo, el de la barra de telenovelas, el de tantas tardes tan diferentes que vivimos ahora se extingue y da paso a un país que aún no digerimos y que no sabemos en qué va a parar. El de la violencia, el del narcotráfico, el de la corrupción y el de tantas cosas que nos tienen al borde del colapso.
No es una pérdida menor, es la de una persona que abrió el camino de un género que aquellos años, cuando él comenzaba, no era nada. Le dio forma y forjó la base de lo que hoy es la televisión, uno de los pilares de esta empresa, Televisa y un respetado actor.
Con él se va uno de los iconos auténticos de la televisión, en medio de enfermedades pero se va como siempre lo conocimos: intachable y lleno de amor y caricias de los que estuvieron siempre a su lado.