A 10 años de su muerte, el pueblo británico honra la memoria de 'La Reina de Corazones'; transmitirán servicio religioso a nivel nacional
LONDRES, Reino Unido, ago. 24, 2007.- Aunque la gran cantidad de flores hace tiempo que desaparecieron frente a las puertas del Palacio Kensington, el espíritu de la princesa
Diana permanece en el lugar.
Hace 10 años que Diana falleció en París en un accidente automovilístico, acontecimiento que sumió en el dolor a muchos británicos por ser para ellos no solamente una princesa, sino un icono, una campeona de obras filantrópicas y un personaje de los tabloides.
El aniversario del 31 de agosto será recordado con un servicio transmitido por la televisión nacional, plegarias encargadas especialmente para la ocasión, y análisis en un país que no está seguro si el súbito brote de emociones públicas fue un momento de locura o un relajamiento temporal del famoso estoicismo británico.
"Una década", escribió recientemente el columnista Jonathan Freedland en el diario The Guardian, "que al examinarla nos preguntamos qué nos pasó".
Diana, de 36 años, y su novio, Dodi Fayed, de 42, fallecieron junto con el chofer Henri Paul cuando su vehículo se estrelló en el túnel de Pont d'Alma en París el 31 de agosto de 1997.
En los días posteriores a la tragedia, un millón de ramos de flores fueron depositados a la entrada del Palacio Kensington, la residencia de Diana y más de un millón de personas cubrieron las aceras de la ruta funeraria. Los diarios pidieron a la familia real que volviera de sus vacaciones en el castillo escocés de Balmoral.
El ambiente quedó reflejado en la película The Queen, en la que el recién elegido primer ministro Tony Blair habla con 'la Reina' (la actriz Helen Mirren) sobre las emociones que desató la muerte de "la princesa del pueblo".
"La gente creía que la conocía porque compartía sus pensamientos y sentimientos, lo que nunca antes había hecho alguien en su posición, dijo Ingrid Seward, autora de The Queen and Di: The Untold Store.
A su muerte, Diana fue la mujer más famosa del mundo, la estrella de una telenovela que atenazó el corazón de millones de personas.
Se había casado con el heredero al trono, el príncipe Carlos, en 1981 en la catedral de San Pablo en una ceremonia televisada por todo el mundo. Tuvieron dos hijos -Guillermo y Enrique- pero se divorciaron en 1996 tras reconocer ambos la comisión de múltiples relaciones extramatrimoniales.