NUEVA YORK, Estados Unidos, sep. 10, 2002.- Durante los oscuros días que siguieron a los ataques del 11 de septiembre, el miedo ocasionó que varios asiduos del teatro desearan suerte a las puestas en escena de Broadway y optaran por quedarse en casa.
A un año de los funestos hechos y después de impulsar dentro del ámbito teatral un espíritu de “el show debe seguir”, Broadway parece estar de regreso, apostándolo todo en la nueva obra del verano, Hairspray.
HAIRSPRAY, UN DESTELLO EN LA OSCURIDAD
El exuberante musical, basado en el filme ochentero de John Waters sobre las problemáticas sociales de 1962 en Baltimore es la gran esperanza de Broadway para recuperar las pérdidas acumuladas de un año a la fecha.
Hairspray es protagonizada por la todavía desconocida Marissa Jaret Winokur como la adolescente que alcanza la fama como la imagen de un spray para el cabello y se enreda con un ejecutivo de una televisora, interpretado por el ganador de un Tony, Harvey Fierstein.
“Hairspray es sin duda todo un éxito, ha presentado un avance multimillonario ”, dijo Jed Bernstein, presidente de la Liga Americana de Productores de Teatro, con respecto al desarrollo de la obra el pasado fin de semana, recaudando más de 860 mil dólares.
Sin embargo, los resultados no son todavía la salvación, ya que la asistencia a los teatros continúa un tres por ciento debajo de la conseguida el año pasado, cantidad calificada como “insignificante” por Bernstein, tomando en cuenta la magnitud del evento del llamado martes negro.
LOS PEORES MOMENTOS DE BROADWAY
La alegría que rodea a Hairspray contrasta con el dolor y la incertidumbre que acechó a la ciudad de Nueva York después de la caída de las Torres Gemelas, catástrofe en la que murieron alrededor de 2 mil 800 personas.
En consecuencia, Broadway apagó sus luces por espacio de dos días, cuatro obras anunciaron su retiro después del ataque y las ganancias en taquilla en general bajaron hasta un 75 por ciento, de la mano con la baja en el turismo.
En la temporada previa al ataque, Broadway contribuyó con más de 4.4 billones de dólares a la economía de la ciudad, manteniendo con ello 40 mil empleos y fungiendo como el imán principal para la atracción de turistas.
“De todas las atracciones turísticas en Nueva York, Broadway es la número uno, por encima de los deportes y los museos”, comentó Cristyne Nicholas, presidente del NYC & Company, haciendo notar los 12 millones de boletos vendidos al año.
Con ello, para la primavera pasada 28 teatros ya estaban de lleno en sus funciones.
Sin embargo, las secuelas del 11 de septiembre se hacen presentes ahora más que nunca, a un año de lo acontecido. Las bajas en los teatros se re reflejan en audiencias reducidas a un 15 por ciento.
El primer intento por salvar el teatro en la Gran Manzana fue el del invierno pasado, en el que a través del programa Season of Saving (temporada de salvación), alrededor de 20 puestas ofrecieron descuentos en sus shows, sus restaurantes y estacionamientos.
RUMBO A LA RECUPERACIÓN
Para el otoño las esperanzas están puestas en el estreno de Amour, una adaptación del musical francés Le Passe Muraille con música de Michel LeGrand; y Movin’ Out, un musical bailable bajo la dirección de Twyla Tharp, con temas de Billy Joel.
Cuatro puestas más previstas para el mes de octubre contarán con la mayor difusión para el saneamiento de la industria teatral. Éstas son, a saber: Hollywood Arms, la comedia co-escrita por Carol Burnett basada en sus memorias; Dance of the Vampires, un musical con la estrella de El Fantasma de la Ópera, Michael Crawford; Imaginary Friends; y la esperada puesta de Baz Luhrmann, La Boheme, sobre la ópera de Puccini del mismo nombre.