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CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 2, 2003.- Minutos antes de salir a Puerto Vallarta para arreglar asuntos de negocios, Raúl Vale aceptó hablar de su estado de salud, la batalla contra el mal silencioso aún sigue
"¡¡¿De salud?!!, estamos estables, me mandaron hacer una bola de análisis, parte de los cuales se hicieron aquí, como para checar cómo estoy y ahora el día 13 me voy a Houston, a ver a los doctores, a ver qué onda; pero se supone que estoy estable".
Por estar bajo tratamientos químicos severos para su cuerpo, Vale ha tenido que llevar una rigurosa alimentación, hoy más que nunca debe de comer bien.
"Al revés, no hay dieta, por eso estoy así, excedido de peso, porque me exigen no adelgazar, ya que mientras más pese uno, más químico me pueden dar".
Su apariencia es pálida, los cabellos ya no lo acompañan más, una boina cubre esa cabeza de donde sale el buen humor.
El llamado de la sangre es importante, sus hijos no lo abandonan.
"De todos mis hijos, afortunadamente los cinco lo han tomado muy bien, mis hijitas chiquitas son las que más me preocupan, porque están muy chiquitas, para ellas es muy difícil entender este tipo de cosas; ‘papá, ¿por qué esta así?’, ‘¿por qué vas tanto allá?’ ‘y qué onda’. Pero más o menos afortunadamente lo han tomado bien, yo creo que hay que evitar decirles todo, para no asustarlas".
Raúl cuenta con todo el apoyo de sus seres queridos, desde su mamá, hermanos y de su esposa Jany, a quien le está profundamente agradecido por permanecer a su lado en estos momentos.
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