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CIUDAD DE MÉXICO, México, oct. 9, 2003.- La cita fue en Punta Cana, República Dominicana. Hasta ahí teníamos que llegar medios de comunicación internacionales como los de Puerto Rico, Venezuela, España, Estados Unidos, Colombia y por supuesto México, Televisa Espectáculos.
Aterrizamos en un vuelo comercial procedente de Miami, Florida, a un aeropuerto privado que recibe a mas de 140 líneas de todo el mundo. Sin temor a equivocarme es de los pocos que existen.
De este lugar a uno de los dos hoteles que están ubicados en esta parte de Punta Cana se hacen 4 minutos. En el recorrido me enteré que los dueños de este lugar exclusivo son Oscar de la Renta, un empresario dominicano, otro puertorriqueño, y Julio Iglesias. Lo que fue un manglar, hoy es un sitio de descanso, turístico y en aun en vías de desarrollo, aunque ya cuenta con el prestigio suficiente para ser visitado por los europeos, norteamericanos y latinos de abolengo.
En este paradisíaco lugar viven el diseñador dominicano Oscar de la Renta, el bailarín ruso Mijhail Barishnikov y por supuesto Julio Iglesias.
Me encontré con él en la Casa Club del hotel la misma tarde en que llegué a Punta Cana. Ahí se habían instalado las dos cámaras, las luces, y la escenografía para las entrevistas de televisión y de prensa.
Se había cambiado de ropa, lo hizo para cada medio. Usó una camiseta azul claro, pantalón y zapatos, como es costumbre en él sin calcetines, de color beige.
Fue muy cariñoso en el saludo. Me tomó del rostro y me dio un beso en la frente, bromeó un momento, y me preguntó por uno de sus grandes amigos en México, por Jacobo Zabludosvky. Me contó incluso como se conocieron. Hicimos la entrevista de media hora y me extendió la invitación para cenar en su casa.
LA CENA
Alrededor de las 9:15 de la noche, las 8:15 en México, estuvo listo el señor que nos llevaría a la cena. Solo se hacen 10 minutos del hotel a la casa de esta luminaria.
Me hubiera gustado que mis ojos fueran cámaras fotográficas para poder captar la maravilla de los jardines, los bellísimos árboles, y la deliciosa alberca que enmarcan las construcciones estilo bali. Maderas brillantes preparadas para evitar la humedad, los hermosos sillones blancos de finas telas, y la sobria decoración exacta.
Nos recibió Miranda, su compañera durante 13 años con quién comparte además de la vida, 4 hijos Miguel, Rodrigo, Cristina y Victoria, sus gemelas que ya dormían. Ella estaba vestida con una blusa blanca de estilo mexicano con los hombros descubiertos, una falda de colores vivos y alpargatas del tono de la blusa. El cabello atado y un anillo en oro blanco y piedras brillantes. Miranda presentó a su madre, y nos contó de las casualidades al nacimiento de sus hijas. Primero una gitana, luego el sueño de la madrina de Rodrigo, y después el ultrasonido.
La cena fue en la casa de visitas donde hay varias mesas para las reuniones continuas. Pero hay otras villas. Para visitantes, para los niños, la de Miranda y Julio, y la de la escuela. En ella los cuatro pequeñitos estudian con profesores de distintas nacionalidades las materias correspondientes. Está decorada como tal, con mapas, estampas, esqueletos y todo lo necesario para el aprendizaje de los pequeños, mismos que hablan el español, ya entienden el inglés, y pronto seguramente el holandés.
Parte de los 40 empleados de Julio, nos atendieron. Llevaron jamón serrano, quesos y pan. Ya en la mesa vino tinto, consomé de pollo, filetes de res, papas con queso, jitomate asado con alcachofas, y pie con helado de maracuyá. Una cena sencilla tal y como es Julio Iglesias.
Me tocó sentarme al lado izquierdo de él, los demás compañeros flanqueado también a Miranda que estaba justo frente a él en la enorme mesa redonda.
Platicamos de varios temas: política, música, personajes, cirugías plásticas, familia, y por supuesto de su carrera, de una carrera que retoma a los 60 años, y que por el hecho de no estar presente en los medios, quiera decir que está ausente. En los últimos diez años ha cantado en Vietnam, Beijing, Rusia, Hong Kong y lugares tan lejanos como parece que está esta luminaria.
UN HOMBRE GENEROSO
Julio Iglesias sigue siendo el mismo hombre, preocupado por la niñez del mundo, por el bienestar de las personas, por el hambre. Sigue trabajando de su trinchera para crear mas empleos, mas fuentes de trabajo.
Con su nuevo disco tiene pretensiones a lo grande. Se tardó dos años en lograr la perfección, las canciones indicadas, la música adecuada. Me dio gusto saber que uno de los temas que incluyó fue “Échame a mí la culpa” del mexicano José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”, que cantará también en inglés y en francés.
Julio está entusiasmado con su representante Fernán Martínez, quién lo acompañó en sus primeros años de carrera, se separó de él para trabajar con Enrique, su hijo, y ahora vuelve para no dejarlo más, combinando las carreras de Julio y de Juanes. Una excelente persona.
Esta vez Julio Iglesias regresa para tomar nuevamente su lugar, quiere ser el baladista vendedor número uno y ocupar los primeros lugares de popularidad en le mundo de la música.
No se pierda Divorcio que saldrá a la venta el próximo 4 de noviembre en todo el mundo.