CIUDAD DE MÉXICO, México, feb. 2004.- México ya no es el mismo. Nuestro país es diferente. Ha cambiado. Su reflejo va más allá de la profesión. Tiene más que ver con una parte humana que está olvidándose. Que está ahí, en el sótano de cada vida. En los 80s la educación a nivel universitario en el periodismo tenía un fundamento basado en la teoría de la comunicación, en los códigos de credibilidad, y en la ética, que si bien estaba presente en el salón de clases, también se aprendía en casa.
Nos enseñaron los conceptos de objetividad, el uso correcto del micrófono y la pluma, el respeto por los demás y el amor al oficio.
En la Escuela de Periodismo Carlos Septién García compartimos clases en la misma generación compañeros que hoy tienen un sitio privilegiado en varios medios. Fuimos compañeros Matilde Obregón, Directora de TV Notas, Gustavo Adolfo Infante, conductor de Última palabra de Radio Fórmula, Patricia Betaza reportera de Noticieros Televisa, entre otros, y yo. Cada uno tomó diferentes caminos, pero todos sabemos el principio del periodismo, término que en nuestros tiempos sólo se mencionaba para la prensa escrita. Ser periodista tenía otro concepto.
Para ser reportero también se estudia, no se improvisa ante una personaje, no se ataca ni se agrede, no se lastima ni se deconoce el terreno. Es como pensar que cualquiera puede ser secretaria, y es falso, porque existe una carrera.
Me da una pena terrible darme cuenta que no hay respeto ni ética personal, que hoy cualquiera tiene el derecho de hacer en los medios un circo, que hoy se puede juzgar sin conocimiento. Dimes y diretes. Cuentas por dar en pantalla. Litigar en radio o en televisión. En este momento ya no importa todo aquello que conformó un México lleno de estrellas, de luminarias que nos hacían pasar un rato de entretenimiento.
Entiendo que el morbo y la curiosidad es parte de todos. Es como ver un choque en la calle y voltear para ver si hay sangre o un muerto. Así de descarnado, así es ahora el negocio del espectáculo.
No quisiera que se perdiera la escencia. No quisiera que el glamour de las estrellas quede velado entre el escándalo y la vida privada.
No logro entender. Hasta dónde la vida privada de la gente pública. Hasta dónde como reportero tienes derecho a preguntar cuando una vida está expuesta.
La respuesta sólo el tiempo la dará.