CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 2004.- Dolores Asúnsolo y López Negrete de Martínez del Río murió el 11 de abril de 1983. Dolores del Río es una de las figuras más importantes del cine mexicano y uno de los personajes que más ayuda brindó a sus semejantes, sobre todo a los niños. La ‘Diva’ mexicana nunca pudo ser madre. Hace unos cuántos días tuve la oportunidad de ir a la iglesia del Altillo, famosa en la capital mexicana, y me contaron una de las historias mas bellas de Dolores del Río, una anécdota que describe el ser humano que hay dentro de las mismas estrellas.
Para comenzar el Altillo, como comúnmente se conoce y que está ubicada en Avenida Universidad 1700, era la iglesia preferida de esta primera actriz.
Por cierto, que ella fue de las muchas personas que apoyaron este templo cuando se decidió que las misas se darían frente a los feligreses y no de espaldas. Asunto que causó polémica al grado de ser fuertemente atacada por los católicos tradicionalistas.
Fue en ese lugar sagrado donde Dolores del Río encontró la paz y el regocijo que buscaba. Los maravillosos vitrales que en marcan el altar fueron los testigos mudos de las lágrimas de esta estrella.
Al fallecer su madre, la diva veló sus restos en el Altillo. La tranquilidad que necesitaba su espíritu y la resignación ante la ausencia materna se la dieron éstas paredes.
A raíz de esta penosa situación pidió que enviaran a perpetuidad flores blancas en recuerdo de su mamá y como muestra de su agradecimiento a Dios.
Por supuesto que el dinero que ella dejó para tal efecto se terminó luego de tantos años. Pero el dueño de la florería, sigue mandando diariamente las flores blancas en homenaje a Dolores de Río.
Y como ésta, son muchas las historias que se han tejido entre la contrucción del Altillo, uno de los lugares más hermosos por su ubicación y por lo que significa.
Es solo un recuerdo para Dolores del Río.