CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 8, 2004.- Confieso que es la primera vez que fui al Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México a disfrutar de un espectáculo. Hacía muchos años que iba, pero a cubrir notas como exposiciones, presentaciones de libros, presentaciones de Plácido Domingo o Alejandro Fernández, o bien a las entregas del premio Ariel que se otorgan a lo mejor del cine mexicano, pero de ahí en fuera, nada más. Quedé maravillada de poder comerme con la mirada esa espectacular construcción que ha dado albergue a tantos capítulos de la historia y la vida cultural de México, observarla y quedarme en silencio.
Estaba encantada de poder asistir a este recinto para ver la ópera Aída de Giuseppe Verdi. Tenía 58 años cuando la estrenaron en el Teatro de la Opera, en El Cairo, el 24 de diciembre de 1871.
Mas de 100 años han pasado desde su primera presentación y de acuerdo al país se adorna con animales o con otros elementos que hagan el ambiente que en la mente de Verdi había: Tebas y Menfis en la époa de los Faraones, un relato de amor, de guerra, de traiciones. Es impactante. Y como todo tiene un avance, también los efectos virtuales se hicieron presentes y como desde hace algún tiempo el supertitulaje de Ramón Gómez (q.e.p.d.) ocupa un lugar importante, porque así en la pantalla colocada arriba del escenario se puede leer en español el argumento italiano.
En la Aída de México participaron Enrique Patrón de Rueda, director concertador que cumplió ya 25 años actividad ininterrumpida, José Solé como el director de escena y escenografía, y por supuesto la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes y la Compañía Nacional de Danza.
En todo momento me emocioné, pero más al inicio cuando vi aparecer a uno de mis mejores amigos, José Luis Duval, el tenor que caracteriza a Radamés, el amor de Aída. Sentí un gran orgullo de verlo entre los mejores, supliendo a Plácido Domingo, entregado a su labor, a su voz, a su oficio. Lo conocí de actor, también de cantante de música mexicana, fue precisamente con él con quién probamos el set de artistas cuando el sistema informativo en español ECO comenzaba con sus transmisiones. Es un gran amigo.
El público no dejó de apludirle, de felicitarlo, de levantarse para mostrarle su afecto y su gratitud. Qué alegría verlo convertido en uno de los tenores mexicanos de más prestigio a nivel internacional.
Gracias a su hermana, a mi gran amiga Lourdes Dussauge por compartir conmigo el orgullo de una familia trinfadora y el disfrute de la amistad, y por supuesto el de la Opera.