CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 12, 2004.- Es probable que el tema ya haya pasado de las ocho columnas de espectáculos a sólo cintillos, o que sólo haya quedado en comentarios breves en programas de radio o televisión. Pero éste es el momento en el que quiero comunicarles a nuestros navegantes el derecho de ejercer la libertad de expresión desde mi trinchera, la de la objetividad. No voy a criticar a mis colegas, ni les voy a dar lecciones de periodismo. No los voy a llamar seudo reporteros. Tampoco les voy exponer los conceptos de ética, ni ha decirles que significa la objetividad, ni a darles las líneas a seguir. Mucho menos a enseñarles el respeto por los demás. No me interesa.
Cuando escuché el sensacionalismo con que fueron detonados los comentarios de Talina Fernández con respecto a Shanik Berman, amiga de ella, me dió de todo: coraje, angustia, impotencia, pena, y todos aquellos sentimientos que surgen cuando alguien se atreve a dañar a una persona a quién solamente se le debe respeto, por edad, por trayectoria, por conocimiento, por experiencia, por energía. Y todo esto ¿Por tener al parecer una nota de ocho (columnas)?. Es vergonzoso.
Me atrevo a decirlo porque hoy me pinto las canas, los años están llegando a mi vida, parte de ella al lado de la que es y seguirá siendo ‘La dama del buen decir’. Una mujer con la que trabajé brazo con brazo, con la que conviví durante muchos años, la que cuidó de sus hijos permanentemente, y que ahora abuela, sabe lo que es hablar con la entraña.
La respeto, la admiro, la quiero porque sé de lo es capaz y de lo que no. Pero en este juego, en el de gitanos, no nos leemos las cartas. Su comentario no fue para Shanik, fue para que todos entendiéramos que no hay porque estar perdiendo tiempo con enfrentamientos, con conflictos, con faltas de respeto, porque nadie sabe en que momento la vida nos tiene deparado un golpe duro.
Ojalá sus palabras hayan dejado un huella en las personas que las escucharon. La vida se hizo para disfrutarla con los seres queridos, y querer a los que no nos quieren.
Jamás podría enfrentar ni a Talina Fernández, ni a ninguno de todos los jefes que he tenido y que lo único que me han dejado son los principios del periodismo, de la humanidad, del aprendizaje.
Espero que pronto termine esta ola de noticias que no lo son. Que nos preocupemos más por informar y no por delatar. Por darle al público entretenimiento y no elementos para influir sus pensamientos.
Gracias Talina Fernández. Gracias siempre por guiarme y enseñarme que vale más tener un amigo, que ganar una nota. Gracias por mostrarme lo correcto. Gracias por el perdón a la injusticia.