CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 22, 2004.- Claudia de Icaza ya había anunciado la investigación que estaba realizando. Fue a principios de año cuando nos enterámos que la polémica periodista estaba dando los últimos toques a lo que sería su nuevo trabajo, no el más controvertido, pero si tocando fibras sensibles de quienes habían decidido callar. Asunto que me sigue pareciendo respetable. El silencio no siempre ayuda, pero en estos casos vale más. Fue en este mes cuando los representantes de varios medios de comunicación se dieron cita en la presentación del libro Amarga seducción. Lo que debería de haber sido eso, una presentación, de repente se convirtió en un juicio y un cuestionamiento.
Todos tenemos derecho a opinar, sobre todo cuando ya se han recorrido las páginas con la mirada y con el entendimiento. Pero no en la mayoría de los casos sucede.
Amarga seducción no sólo ha levantado ámpula, también ha revelado la historia del villano de un argumento por demás platicado. Y como todas las partes tienen la opción de hablar ahora le tocó el turno a Sergio Andrade y fue la pluma de Claudia de Icaza la que le dió voz. Hasta ahora se habían contado muchos relatos pero faltaba el de este hombre.
Claudia de Icaza hizo un trabajo periodístico, no un libro para defender lo indefendible, frase por demás conocida, no para salvar una reputación, no para ganar millones de pesos. Así lo entiendo. No creo que se tenga que invertir dinero propio para defender a un ser como el productor, de verdad no me pasa por la mente.
Creo que toda labor que implique esfuerzo, inversión, tiempo y mas cosas, no merece una crítica a la ligera, ni un maltrato en palabras. Simple y sencillamente el gusto se rompe en géneros. Es un libro que cuenta una historia, si se quiere leer que bueno, y sino no, es solo el respeto por el trabajo de los demás.
Para hablar de Sergio Andrade hay que tener valor. Sus actos no se pueden justificar porque sus delitos son graves. No se puede actuar a favor, porque sería estar de parte de. Lo que sí se puede es comunicar e informar lo que ocurre en la otra cara de la moneda. Amarga seducción es eso.